En el análisis de la crisis del país hay que tocar fondo para evitar irse por las ramas, hablar del bosque o quedarse en los efectos. La crisis política actual es generada por el establecimiento de un gobierno de corte socialista, semejante al modelo cubano y alineado con Rusia y china, en la confrontación con EEUU. Todo tiene su origen en la filosofía y concepción política que el modelo chavista comporta. En su visión de país y en el concepto, muy bien desarrollado por Chávez, de que había que acabar con la oligarquía, porque “explota al venezolano y despoja a la mayoría de la riqueza del país”. Pero el ideólogo Chávez fue más allá. Sus políticas y acciones se llevaron por delante a la clase media, al empresario mediano, pequeño y profesionales. Estableció un gobierno excluyente, sectario y hegemónico. Trabaja para la clase pobre… El 70% de la población. ¡Factura a cuenta del puntofijismo!… Deuda, que este gobierno no ha honrado.

           Sin embargo, esa no es solo la causa. Hay que registrar también su manifiesta incompetencia para la gestión pública. La cual estimula la ingobernabilidad y el descontento social. Destaca el caos en los servicios (electricidad, agua, gas, transporte, teléfonos, internet, vialidad, salud, seguridad personal y de  bienes). Su política económica genera hiperinflación de precios y valores, introduce el dólar como moneda de circulación, reduce drásticamente la adquisición de alimentos y medicinas y mantiene los ingresos familiares por debajo del costo de la canasta básica. Además, el andamiaje legal montado y sus violatorias de loa DDHH, desdicen del sistema democrático, tal como lo señala el informe Bachelet “El SEBIN y la DGCIM, han sido responsables de detenciones arbitrarias, maltratos y tortura a opositores. Los colectivos armados ejercen control social y apoyan a las fuerzas de seguridad en la represión a manifestantes”.

       Frente a esta crisis política social la solución radica, según estudio reciente de la Universidad Católica, como lo espera el 70% de los electores, en un cambio de gobierno y prefiere que se haga en forma pacífica y consensuada. La percepción de cambio pasó de 39%, en noviembre al 51%, en mayo. Mientras, el 65% de los venezolanos votaría en una elección presidencial. Si hay elecciones el candidato opositor obtendría el 67% de los votos y el postulado por el Chavismo, el 33%. Frente a esta perspectiva electoral ostensible en la agenda de diálogo, promovido por Noruega, respaldada internacionalmente cuesta creer que el régimen de Maduro ceda y convenga ir a unas elecciones libres y transparentes, con nuevo CNE y observación internacional. ¡Complejo el desenlace de los diálogos e incierto los resultados!

      Esta incertidumbre es lo que potencia, como solución de la crisis, a las opciones de un golpe de Estado, una intervención militar o una explosión social. Expectativas cargadas de imponderables. Tales como, la aparente unidad monolítica de las FFAA, alrededor del proyecto chavista; la oposición internacional a una intervención extranjera; la actual situación interna electoral estadounidense; el terror general por la sistemática represión y uso de la fuerza en las protestas y manifestaciones pacificas. ¡El miedo colectivo a salir herido o muerto! Había señales de aceptación al diálogo en el comando nacional de Juan Guaidó y en él de Maduro. Presionaron EEUU, Rusia, China, Unión Europea y el Grupo Contacto. Pero, terminó el diálogo en Barbados y no hubo humo blanco. Mientras, Diosdado Cabello descarta las elecciones presidenciales y Rodríguez cataloga de exitosa la reunión. En definitiva, no veo perspectiva de elecciones presidenciales a corto plazo. Cuando las haya el candidato será Maduro. ¡El gobierno apuesta a la desesperanza opositora” .