Opinión

De la zozobra a la esperanza, por Maryclen Stelling

Más allá de las condiciones críticas en las que se ha vivido últimamente, las recientes medidas económicas anunciadas por el Gobierno, han permitido a la ciudadanía recuperar cierto control sobre su externalidad, y ello conlleva  inmediatas  consecuencias positivas en cuanto a su subjetividad.  En la inmediatez se ha producido una dinámica interacción entre  las medidas decretadas y el significado social atribuido a las  mismas.  Y es desde allí, que vivimos, interpretamos, juzgamos y enfrentamos las complejas circunstancias de la realidad social.  

A raíz de la reconversión, desde la cotidianidad destaca la protección al salario y sus consecuencias inmediatas sobre la capacidad de consumo y la calidad de vida.  Los sentimientos latentes o manifiestos de amenaza e inseguridad; humillación e indignación;  incertidumbre, desamparo y desorientación dan paso a una sensación de futuro que anuncia el retorno de la credibilidad y la legitimidad; la esperanza, la confianza  y la fe.  De un estado de violencia social transitamos a uno de esperanza social que anuncia la vuelta al ruedo de la democracia participativa y protagónica. 

Dada la situación política del país, e independientemente de los aspectos positivos, la recepción de las medidas ha revestido significados diferentes para la ciudadanía, según la posición política. Si para unos representa un triunfo nacional e internacional; para otros reviste una significación contraria y supone la ruina y razones para el odio…Suerte de crónica de un fracaso anunciado.  En ambos casos, las subjetividades son mediadas y alimentadas por  el discurso político, sondeos, análisis “objetivos” y narrativas transmediáticas en torno a la coyuntura.  Instancias que, “sin querer queriendo”, imponen determinadas interpretaciones de la realidad. 

Políticamente, es importante atender la dimensión afectiva y la subjetividad que se desprende de la nueva realidad económica.  En ese sentido, creemos necesario una campaña comunicacional que se centre  en   destacar la condición de  plan estratégico que trasciende simples aumentos de sueldos y salarios. Igualmente debe comprender y abarcar las construcciones subjetivas político-partidistas en torno a la nueva realidad económica.  Ámbito desde donde vivimos, sufrimos, amamos, apoyamos y rechazamos nuestra externalidad.

El gran reto es producir  una realidad incluyente 

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