La oposición entró en un bucle temporal fastidiosísimo o, para decirlo en términos cinéfilos, ya que nos acercamos a la entrega de premios, está viviendo su propio Día de la Marmota. Hace siempre lo mismo esperando obtener resultados distintos.
Lo del sábado pasado en la Asamblea Nacional es la misma película que protagonizó Julio Borges al inicio de 2017 cuando al jurar como presidente del parlamento venezolano decretó la Ausencia absoluta del presidente Nicolás Maduro, llamó a las Fuerzas Armadas a dar un golpe de Estado “institucional” y pidió el apoyo de la difusa “comunidad internacional” para presionar un cambio político en el país.
¡Bueno! la película que se montaron ahora, con Juan Guaidó en el papel estelar, sigue el mismo guion. Es un refrito intragable, un guiso insano del drama julioborgiano de hace dos años atrás y la dirigencia de la oposición, sobre todo la más colérica y alienada, jura que ahora sí, esta vez, sin demoras ni pérdidas, por este puñado de cruces, si tendrá el final feliz que se vienen prometiendo desde 2013.
Esa Asamblea Nacional está en desacato pero no sólo del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sino del sentido común. Para que no haya dudas de que se les ha curvado el espacio tiempo los diputados no recuerdan lo que viene diciendo desde enero 2017, porque Omar Barbosa pasó el año en blanco y nadie se acordó de Julio Borges, ni siquiera hubo un gesto de solidaridad con el ahora prófugo ¡nada!Como consecuencia de ese bucle temporal con amnesia incluida, Guaidó dice que a partir del 10 de enero –dando por hecho de que Nicolás Maduro jurará como Presidente de Venezuela a pesar de Mike Pompeo y su Grupo de Lima- el Poder Ejecutivo estará siendo “usurpado”, pero se supone que ahorita no hay presidente, que Maduro está “absolutamente ausente” o quiere decir entonces que sí era el Presidente Constitucional de la República y sólo el 10 de enero se convertirá en un “usurpador”.
