Opinión

Cuatro dilemas de una crisis inducida

Venezuela se ha convertido, en este siglo, en el centro de gravedad regional, en la ficha estratégica de la disputa continental. Por tener la principal reserva petrolera mundial y por ser escenario del proceso que más se animó a transformar. Pero, ¿qué es lo que realmente está pasando hoy? ¿Cuál es la dimensión real de la crisis? ¿Quiénes son sus responsables y sus objetivos de fondo? 

Dilema 1: el éxito de la “guarimba” económica

“La campaña de presión está funcionando. Las sanciones financieras que hemos impuesto al Gobierno venezolano lo han obligado a comenzar a caer en default (…) Y lo que estamos viendo es un colapso económico total en Venezuela. Entonces nuestra política funciona, nuestra estrategia funciona”(1). El sincericidio de Francisco Palmieri, subsecretario para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EEUU, despeja cualquier duda.

Ya ni el propio gobierno norteamericano disimula el plan de desestabilización que hay detrás del bloqueo financiero. Si las políticas de Obama estaban más enfocadas en lo político-simbólico, la administración Trump comandó acciones que afectan de lleno el financiamiento del Estado Venezolano, limitando su capacidad de obtener divisas, recibir pagos y negociar préstamos.

El sabotaje a la economía ha logrado caotizar todos los ámbitos de la vida cotidiana. Así como antes fue el desabastecimiento de productos básicos, hoy el principal flanco de ataque es la hiperinflación inducida, la disparada descontrolada de precios que vuelve casi simbólico cualquier salario formal. La manipulación del dólar paralelo -un dólar fantasioso, disparatado, un dólar político operado desde Cúcuta- es la ficha clave de este boicot económico, que obliga a la población a salir en busca de divisas para poder sobrevivir. El otro drama cotidiano es la escasez de efectivo, apropiado por las mafias que operan en la frontera colombiana. Las consecuencias son graves: éxodo masivo de los trabajos formales y del país en general, complicaciones de salud por la falta de o por los precios de las medicinas, masificación del “rebusque”, la reventa, la usura y el contrabando. Este golpe por asfixia, este asedio financiero internacional, es una realidad fáctica. Su objetivo es claro: desmoralizar, alimentar el descontento, quebrar el vínculo entre pueblo y gobierno, demostrar que el socialismo es inviable, el desgaste paulatino hasta lograr el colapso económico, social, moral, psicológico. Descomponer la sociedad hasta volver al país invivible para justificar la intervención extranjera.

Ahora bien, ¿son los EEUU y la burguesía importadora los únicos responsables? No. Hay sectores dentro del propio gobierno que forman parte de la trama. Por acción u omisión. Por complicidad o ineficacia. Atacar estas debilidades propias y estabilizar la economía -o al menos mostrar un plan claro para hacerlo más allá de la buena jugada de la criptomoneda Petro-, es una necesidad vital para que siga habiendo futuro. 

Dilema 2: mantener el gobierno, legitimar el poder político

Hace pocos menos de un año, durante el intento insurreccional opositor, se le contaban las horas al gobierno y se anunciaba la muerte del chavismo. Pero la apuesta de la Asamblea Constituyente logró neutralizar el golpe y reencauzar la disputa al terreno democrático. Mientras el montaje mediático internacional invertía los roles e instalaba la tesis del gobierno represor, el pueblo venezolano -incluso la base social opositora- reprobaba la escalada de violencia callejera, que llegó al salvajismo de quemar personas vivas por parecer chavistas. Contra todos los pronósticos, el gobierno impuso la paz social y recuperó la iniciativa política. Y con ese empujón, arrasó en octubre en las elecciones a gobernadores y en diciembre en las de alcaldes. La derecha entró en una fase de implosión, rupturas, deslegitimación de sus dirigentes y desconcierto estratégico.

En este escenario se llega a las presidenciales del 20 de mayo, en las que Maduro parece caminar hacia la reelección aunque las miradas también estarán puestas en el porcentaje de votos que obtenga y en el nivel de abstención. Enfrente estará Henri Falcón, quien se fue del chavismo para sumarse a la MUD en 2010, cuya candidatura es apoyada por su partido Avanzada Progresista, el MAS y el tradicional democristiano Copei.

Pero la gran incógnita es cuál será la estrategia de la gran mayoría opositora que desistió de participar ante una probable derrota.¿Volverán a intentar por la vía insurreccional-paramilitar? ¿Quedará todo en manos del plan de ocupación foránea?

Dilema 3: el peligro de una intervención extranjera

Ante la incapacidad de la oposición local, el frente internacional se convirtió en la carta principal para abortar la experiencia bolivariana. Cada vez de forma más evidente y agresiva, el curso de las acciones contra Venezuela se define fuera de sus fronteras, especialmente al norte del Río Bravo. Entre las múltiples tácticas combinadas, gana peso la idea de una intervención estadounidense de características inciertas, quizá tercerizada, a partir de los ejercicios conjuntos con los ejércitos de Colombia, Brasil y Perú, el mayor despliegue de fuerzas paramilitares, las giras de altos funcionarios de EEUU y la creación del Grupo de Lima que ahora busca excluir a Venezuela de la Cumbre de las Américas.El desconocimiento de los gobiernos de derecha al próximo mandato de Maduro irá en esa línea. Satanización mediática, bloqueo económico, aislamiento diplomático: un combo de tácticas simultáneas para ganar preparar el terreno y avanzar hacia el asalto final, por la fuerza, con la excusa de la “intervención humanitaria”.

Dilema 4: el horizonte estratégico

El chavismo siempre tuvo la madurez de cerrar filas ante cada coyuntura de mayor asecho imperial. Como contrapartida, suelen ser pocos los momentos propicios para poner en primer plano las contradicciones internas, las críticas, los desvíos de rumbo que va tomando la conducción del proceso. Se nota un claro malestar en el chavismo popular por ciertas medidas económicas, la permanencia de la corrupción y el desinterés por la construcción comunal. Parecieran estar ganando la pulseada los sectores reformistas. El pueblo venezolano está dando una inmensa lección de conciencia política, resistiendo heroicamente una cotidianeidad insoportable y entendiendo que, aun en las peores condiciones. 

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