Es largo y extendido el debate sobre si el producto interno bruto (PIB) es un indicador fiable para medir resultados económicos que evidencien los progresos socioeconómicos, o al contrario, simplemente es otro indicador estadístico limitado e incompleto. Además, se cuestiona si en definitiva el crecimiento del PIB es lo más importante, y más aún, si el ingreso per cápita es una medida demostrativa de bienestar y calidad de vida, o más bien, el poeta Nicanor Parra tendría razón en decir: “Hay dos panes.
Usted se come dos, yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”, por lo que sería engañoso e inútil tomar en consideración estos cálculos dado que no demuestra la situación real de la mayoría de la población. En lo que sí existe consenso, es en el razonamiento de que es necesario crecer económicamente para poder ofrecer a la población bienes y servicios que eleven su bienestar, mejoren su calidad de vida y reduzca la pobreza. Incluso, existe evidencia de que aquellos países que mantiene tasas de crecimiento a largo plazo pudieran aumentar la desigualdad de ingresos entre ricos y pobres, pero no que la población de menores ingresos disminuya su bienestar y siempre estaría en mejores condiciones que si el crecimiento experimentado no hubiese ocurrido. Resumido: ¿Qué distribuimos si no producimos, y por tanto, crecemos?
Pactando que resulta imprescindible crecer, debería preocuparnos que nuestra economía acumulará doce trimestres consecutivos negativos y seguirá cavando su descenso el próximo año también. Pese a todas las limitaciones e imprecisiones que refleja el PIB, es el indicador aproximado para cuantificar la producción de una economía, y con ello, el crecimiento económico del país e incrementaría los ingresos promedios. Ahora bien, ¿en cuánto tiempo podríamos duplicar el PIB por habitante? ¿Estaremos vivos para entonces?
La dinámica de crecimiento nos dice: depende a qué ritmo crezca. O dicho de otra manera, obedece cuál sea tu tasa de crecimiento. Haciendo el ejercicio —se omite la explicación matemática— tenemos que si crecemos a 0,5% necesitaríamos 140 años para duplicar nuestro PIB, si hacemos un esfuerzo mayor e incrementamos nuestro PIB a tasas del 3% nos llevaría 24 años la misma tarea, si crecemos a 6% nos costaría unos 11 años y si trepamos a tasas de 10% supondría duplicar el PIB en apenas 7 años. Actualmente, se estima que el país mantenga una aguda contracción económica y decrecerá este año cerca del 8%. Y el 2017 no será benévolo, por lo que también sufrirá una caída –aunque menor- del 4% (Cepal). Saquen su cómputo.