Víctor Corcoba Herrero Escritor
Hoy, cuando todo se impone y nada se propone, los pueblos y las naciones deberían unirse en la verdadera elevación del ser humano, conforme a su innata vocación natural y legendaria como especie pensante. Por desgracia, todo se desnaturaliza y, por ende, también se deshumaniza, en la medida que pierde su auténtico espíritu. .
Hoy, cuando nada se propone y todo se impone, los pueblos y las naciones deberían tomar buena cuenta, y poner a verdaderos guías, a los auténticos y formados líderes, para que lo que es tan justo como natural, pueda ser reconocido y después puesto en práctica a través de su coherencia ingénita. Una nación no puede por sí misma hacer lo que le venga en gana, y activar ensayos nucleares, a pesar de la oposición de la comunidad internacional. El imperio de las armas no puede prevalecer, porque sería caminar como destructores, cuando hemos de ser constructores de existencias dignas y humanas. La progresiva eliminación, equilibrada con la ética y controlada con la estética precisa, de las armas de destrucción en masa y la estabilización de los sistemas de defensa de los diferentes Estados al más bajo nivel posible de armamento, debe ser un objetivo a proponer, para poder sacar el necesario consenso, como un primer paso hacia un planeta armónico de referencia poética.
Hoy, cuando todo se impone y nada se propone, los pueblos y las naciones deberían trazar otros caminos, con otras propuestas más de acogerse unos a otros, de respeto y comprensión, puesto que no hay barrera, cerradura ni cerrojo, que pueda sugestionarse a la libertad de la mente. Desde luego, para sentirnos bien hemos de optar por otro modo de mirar y de considerar a nuestros análogos. Pese a una cuantiosa convergencia mundial de los ingresos nacionales per cápita, no se ha logrado necesariamente una distribución más equitativa del ingreso dentro de los países. Esta desigualdad y las diversas formas de pobreza, si acaso, lo que han de activar es el Estado de derecho social y, en particular, el legítimo trabajo como derecho y deber fundamental. El mundo, está visto que lo que necesita son otras sintonías más fraternas, pero claro, para esto, ningún ser humano debe considerarse pasivo; y, en esta inhumana hacienda de mercado y de las finanzas, todo es como muy frío, y los que no son sujetos de producción, aunque lo sean de sabiduría, se les margina y excluye.