Nunca antes la tensión política había subido tanto como en las últimas semanas.  La alta tensión despuntó entre la población que colocó la mira analítica en el halagüeño y pasado 23F. Allí descansó la esperanza y las aspiraciones de la mayoría de los venezolanos. El grado de expectativa colectiva fue superior a las generadas para el 23E. El reto de ayer fue la entrada o no de la ayuda humanitaria. Que desafió directamente al gobierno, en su estructura organizativa y funcional y sobre todo colocó en disyuntiva a las Fuerzas Armadas Nacionales. Sobre sus hombros dos órdenes recibidas: evitar la entrada de la ayuda humanitaria o dejarla pasar. Realmente una estrategia maestra que podía vulnerar la lealtad al presidente Maduro.        Trance que ya ha dejado su secuela a lo interno de las fuerzas armadas. Como se conoce, se han generado bajas, deserciones, detenciones y descontentos a todos los niveles jerárquicos. Si este movimiento es grande o pequeño, sinceramente no lo sé. Ni me atrevería a calcularlo. La dramática declaración del General Padrino López “pasaran sobre nuestros cadáveres”, en compañía del alto mando militar, es una clara señal de la mayoritaria decisión interna. Sin embargo, según la frase conocida, “El militar es leal hasta que se revela”. Esto es lo que se llama una verdadera “caja de Pandora”. Y en este campo pudiera suceder cualquier cosa, no obstante la ideología que practican las FAN, hoy en día.  Son más de veinte año metidos en un proceso de adoctrinamiento planificado y concebido premeditadamente.          En esta coyuntura, ¿Se percibe fuerte el gobierno de Maduro? No, lo vemos acorralado… contra las cuerdas. Es inmensa la presión internacional, con el rechazo a Maduro y el respaldo a Guaidó. Las sanciones impuestas por los EEUU debilitan al fisco nacional y deja sin liquidez al Ejecutivo Nacional. Podríamos estar al borde de un colapso financiero. Son alrededor de 30 millardos de dólares lo que le han rebatado, según el propio gobierno. Congelados cuentas y despojado del oro depositado en el Banco de Inglaterra. Seguimos produciendo menos petróleo a menor precio y las importaciones y exportaciones han bajado drásticamente. De acuerdo con especialistas, la economía interna cruje con una inflación del 4% diario; el bolívar ha perdido el 99,91% de su valor y en enero una familia necesitaba 720 dólares para cubrir sus gastos ordinarios. El gran grueso de la población (más del 80%) no usa el dólar. Adquiere bienes y servicios a precios dolarizados.          La entrada de la ayuda humanitaria sigue su curso. Va a continuar entrando por aire, tierra y mar, de acuerdo a lo anunciado.  La grave situación así lo exige. Por las fronteras con Colombia y Brasil, los Puertos de la Guaira y Puerto Cabello y a lo ancho y largo de las costa venezolana. El gobierno denuncia la utilización de territorios caribeños con plataformas bélicas.  ¿Cómo evitara la entrada de ayuda? Es la pregunta clave. En un callejón sin salida. Su dilema es terrible. Si hubiera ordenado a las Fuerzas Armadas evitarlo ha podido provocar enfrentamientos entre venezolanos. Si la deja pasar sin enfrentarla “colaborara” con la paz que demanda la nación. Muy parecido a la orden de abandono a la embajada de EEUU. Tiempos de incertidumbre.      En mi opinión, no hay derecho alguno sobre la tierra que justifique por lo que está pasando la nación. El liderazgo político y sobre todo el gobierno deberían hacer algo para evitar esta guerra que parece eminente. Los supremos intereses de la república están en juego. La paz es una prioridad superior. La evolución y desarrollo requieren condiciones de libertad, democracia y prosperidad. El reto será llevar al país a la normalidad y convocar a elecciones generales, con nuevo CNE, en base a un acuerdo político entre oposición y gobierno. ¡Consultar al soberano!