Las crisis son duras, difíciles y en algunos casos bastante complicadas, lo que algunos llaman “problemas”, sin embargo el Papa Francisco nos recuerda que sin ellas no hay Esperanza, nadie sin excepción esta eximido de tenerlas, simplemente forman parte de nuestra condición humana, lo que sí es posible es enfrentarlas en el buen sentido de la palabra, que no es otra cosa que tomar las decisiones acertadas y a tiempo que permitan salir airosos y fortalecidos de ella. Al final las crisis están allí para ponernos a prueba, la vida es una constante lucha versus la adversidad, adversidades que normalmente generamos nosotros mismos.
Me ha inquietado siempre la conducta humana. He tratado en los últimos años a través de la observación, experiencia y estudio, de entenderla, y a pesar de nuestra marcada diferencia con los animales en relación con nuestra capacidad de razonar, observo con preocupación como a veces nuestra conducta se asemeja a la de estos. En miles de oportunidades me he preguntado qué es el sentido común, y la única respuesta que consigo es la acción individual de lo que cada quien cree es sensato, de tal manera que el sentido común no es igual para nadie, solo las reglas e imposiciones forzadas tienen un sentido colectivo, pero estas a su vez también son manipuladas, violentadas y en muchos casos erradas.
Como seres sociales, estamos diseñados para vivir el uno para el otro. Evidentemente es claro que esta sociabilidad nos obliga a entregarnos a un todo, sin embargo, irracionalmente predomina nuestro interés particular que mezclado con otros intereses semejantes terminan convirtiéndose en complicidades egoístas grupales que son capaces de destruir lo que les pongan por delante. La concepción de un todo superior no existe y solo aquellas sociedades que lo han entendido y medianamente practicado han disfrutado los beneficios del bienestar colectivo pero limitado únicamente a sus fronteras, después de esta lo que hay son muros y aprovechamiento del más débil.
