Opinión

Ciudad aldeana y estresante

En una mañana fresca y nublada llegue a la Plaza Bolívar de Barquisimeto. Salí de mi casa en Colinas de Santa Rosa y tomé la rivereña. Pase entre el Museo y el cuartel Jacinto Lara, hoy Universidad.   Sus altos, vetustos y robustos árboles crean ambiente para cavilar y fulgurar a la ciudad y a su gente afable. Flores que abren a la luz, mariposas que vuelan matizadas entre las matas y palomas que flanquean deferentes la estatua a caballo del libertador.  Las campanas surcaron los aires con su eufonía de tono alto y su sonoro mensaje de tiempo y umbral de faena.         Me dirigí al Registro Principal. Ubicado en la casa que fue de Eustoquio Gomez; sí, el hermano del dictador  Juan Vicente, que gobernó el estado y de buenos modales al decir de historiadores. Un grupo de personas cubrían la entrada y una cola descomunal salía hasta la esquina. Al tomar mi puesto (54) supe que había gente desde las tres am. Reparten entre 7 y 10 números: rectificación de partidas, defunción, nacidos y matrimonios. 

   Mire alrededor. Mientras, oía conversar. Hacia el edificio nacional, otra larga cola. En el Palacio Municipal otra. Frente a la Notaría unas cincuenta esperaban. La cola de la oficina de los Consejos Comunales daba la vuelta. ¡Vive en una sola cola exclamé! ¡Se acostumbró a la cola! Ahora es parte de la vida. Mis ojos curiosos pasaron de una cola a otra como buscando la cara de las personas. Quería percibir su estado emocional,  su tristeza o alegría. Fastidio o  bostezo. Confieso que no vi nada de eso.  Solo capte  resignación. Avenencia.  Es como si dijeran “¡Esto es lo que hay!”. Gente de todos los estatus social. Solo había quizás ansias de irse rápido. Conversan. Echan chistes y  cuentos. 

Félix Cordero Peraza/ Analista político/ [email protected]

 

En mi cola escuche “Los comerciantes se están llenando”. “Chinos, árabes y portugueses”, completó una señora de baja estatura. “Todo lo que llega a los supermercados se vende”. “Hay producción e importación”. “Porque también hay plata en la calle… ¿Sino con que compran?”.  El ahorro se fue de viaje. La economía popular – pensé — hace añicos la teoría de la oferta y la demanda. La competitividad voló aterrada. El libre mercado vaga entre escombros. ¡Como vaya viniendo lo van viendo!      Un señor de la tercera edad, como yo, soltó esta perla: “La gente tiene miedo de que le quiten las misiones, reduzcan pensiones y posibilidad de estudiar”. ¿Prefieren que las cosas sigan igual? Acostumbrados a las colas… la conversación y el chiste que alegra. Hacer amigos y saber de familiares. Aunque vivan en una sola quejadera… Siento que cola, escasez y altos precios no son suficientes para movilizarse en contrario. 

  La registradora abogada llego a las diez de la mañana. Mal humorada. Despacho a la mitad por falta de requisitos. Yo di la vuelta e hice la de San Blas “Ya comiste ya te vas”.  “Que te vaya bien y que te pise el tren y que se te ponga la cara como un sartén”.  Fui a buscar mi carro y en mi pensamiento rondaba la idea  “Esto no tiene compón”.  A dos cuadras, una larga cola para comprar uniformes escolares regulados. ¡Y colorín colorado este cuento no se acaba aun!   

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