Margarita López Maya / Analista político / [email protected] / @mlopezmaya
El año que agoniza, por donde quiera que se le mire, ha sido uno de los peores padecidos por la población venezolana.
En economía, si revisamos los principales indicadores, el país se derrumbó, devorado por una inflación galopante, nunca vivida antes, que ronda 500%. El PIB cerrará en cifra negativa histórica, cerca de -10% (menos diez por ciento). El bolívar, sometido a un sistema de cambios demencial, se pulverizó, y con él los sueldos se volvieron agua, el desempleo ronda, según el FMI, 18%. El Gobierno no parece entender nada y no rectifica.
En lo social, Venezuela es una tragedia monstruosa. Ha sido un año de violencia continuada y multifacética: la criminalidad tomó posesión del territorio nacional ante un Gobierno y un Estado que parecen colapsar. Asistimos con horror a hazañas y/o muertes de delincuentes como “El Picure”, “El Conejo”, “El Topo” y otros pranes mayores. Desde sus guaridas, que muchas veces son las mismas cárceles, cual reencarnaciones de Pablo Escobar, dirigen sus ilegales y violentos negocios. Tenemos la tasa de homicidios más alta de Suramérica. El Gobierno responde con actitudes parecidas a los criminales en arbitrariedad y violencia.
