Opinión

Carta del Papa sobre la mesa

 La grave y difícil situación que atraviesa Venezuela motivó al Papa Francisco a enviarle una carta personal al Presidente de la República, Nicolás Maduro. Le puso sobre la mesa lo que Dios manda, lo que Dios ordena. Ningún venezolano, sólo el remitente y el destinatario conocen el contenido de la carta, pero sorpresivamente este domingo 1 de mayo, la hojita parroquial (el mensaje de la iglesia) al celebrar su 50 aniversario, publicó en su primera página el mensaje de Dios a los venezolanos. No sabemos si es otra carta o es la misma que tiene el presidente en sus manos.

Dice: “No sé de quién es una frase que me impresionó: Sin justicia para todos, no habrá paz para nadie”. En el profeta Isaías, leemos: “El efecto de la justicia será la paz, la función de la justicia, calma y tranquilidad perpetuas. Mi pueblo habitará en un lugar pacífico”. Anteriormente anuncia: “La vara del opresor, el yugo de sus cargas, su bastón de mando los trituraste. La bota que pisa con estrépito y la capa empapada en sangre será combustible, pasto del fuego.

Porque un niño nos ha nacido. Se llama: Príncipe de la paz. Su glorioso principado y la paz no tendrán fin. Se mantendrá y consolidará con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre”. Y en el salmo 85(84) leemos: “Justicia y paz se besan”. Gandhi decía: “No hay caminos para la paz. La paz es el camino”. Habrá que añadir: La justicia es el camino, apunta la hojita parroquial.

Este semanario de la iglesia Católica que ayuda a la feligresía en misa con la palabra de Dios, resalta además lo establecido en el artículo 26 de la Constitución Nacional, el cual dice: “El Estado garantizará una justicia gratuita, accesible, imparcial, idónea, transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, sin dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles”. No se podía escribir nada más completo, apunta. Y luego se pregunta: ¿Reconocemos esa justicia entre nosotros? ¿Echamos de menos alguno de estos rasgos? ¿Qué se nos ocurre que pudiéramos iniciar para hacer realidad esa justicia tan bella de la que habla nuestra Constitución? La tercera parte de nuestros presos están juzgados. Las dos terceras partes se llaman procesados. ¿Se les puede llamar procesados cuando pasan meses y hasta años sin que los juzguen?

La carta que el Papa Francisco le envió al presidente Maduro podría tener algo o todo de lo que señala la hojita parroquial, porque es un hombre de Dios que va al grano, es directo como lo es Dios. En 2Crónicas (14-20) al hablarle Dios a Salomón, dijo: “Si mi pueblo, que lleva mi Nombre, se humilla, ora, me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra. Mantendré los ojos abiertos y los oídos atentos a las súplicas que se hagan en este lugar. Elijo y consagro este templo para que esté en él mi Nombre eternamente.

Mi corazón y mis ojos estarán siempre en él. Y en cuanto a ti, si procedes de acuerdo conmigo como tu padre, David, haciendo exactamente lo que yo te mando y cumpliendo mis mandatos y decretos, conservaré tu trono real como pacté con tu padre, David: No te faltará un descendiente que gobierne a Israel. Pero si apostatan y descuidan los mandatos y preceptos que les he dado y se van a dar culto a otros dioses y los adoran, los arrancaré de mi tierra que les di, rechazaré el templo que he consagrado a mi Nombre y lo convertiré en el refrán y la burla de todas las naciones”.

El contenido de la carta es un secreto. Tal vez el presidente Maduro se fue a leerla al cuartel de la montaña o a algún otro sitio que le ofrezca un poco de paz espiritual o reflexión en el mando. Entretanto, los representantes de la iglesia Católica tratan de concertar acuerdos de diálogo entre el Gobierno y la oposición, pero el primero pareciera insistir en adorar a otros dioses, y el segundo se aferra en exigir que todo acuerdo pase primero por la salida del presidente Nicolás Maduro. La carta está sobre la mesa y Dios mantiene los ojos abiertos y los oídos atentos a las súplicas. Sigamos con fe.                                                   

                                                       

 

 

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