Opinión

Cállate, Donald!, por Domingo Alberto Rangel M.

Imitando a los augures y hechiceros de otros tiempos quienes desde la oposición llevan dos décadas anunciando lo que nunca ocurre, ahora predicen una invasión que según esos sinvergüenzas nos resolverá todos los problemas que del puntofijismo heredaron los chavistas y los que Hugo y Nicolás han creado que son muchos más.

Para uno que siempre ha militado en las huestes de la verdad y el patriotismo, dan pena ajena esas declaraciones de personajes, algunos que ocupan o han ocupado cargos relevantes, otros más bien ignotos, pidiendo que otros nos invadan para resolver lo que los venezolanos no hemos podido.

Si no fuesen patéticos provocaría reír cuando se basan en las balandronadas de Trump a quien habría que recordarle ¿cuándo es que míster Donald va a vaporizar a Corea del Norte… como lo anunció?

¿O por qué después de profetizar la caída del régimen sirio ahora la diplomacia estadounidense busca espacio para que empresas yanquis trabajen en la reconstrucción de ese país como lo hacen en Libia y antes en Irak?

Pero los avatares de míster Trump no son los nuestros: El trabajo de la inmensa mayoría que está muy molesta y con razón, por los mediocres resultados del gobierno, es despegarse de quienes han medrado del poder, chiquito en comparación con el que detentan los enchufados pero grande al lado de la miseria que vivimos los venezolanos.

El de quienes aspiren a dirigir nuestro futuro pasa por deponer mezquinos intereses. No se puede cambiar un sistema caudillesco y machista por algo similar ni siquiera dirigido por una mujer.

En este sentido la unidad es deseable pero no como mezclote abigarrado donde toda miseria tenga cabida: Unidad de quienes entiendan y nosotros los libertarios lo hemos entendido, que es una tarea ardua convertir nuestro sistema de gobierno, hoy nocivo y empobrecedor, en algo más estable donde mediante competencia libre se pueda crear riquezas nuevas, empleos y se paguen impuestos para que el estado funcione, la gente de trabajo pueda vivir y los políticos compitamos sobre la base de las soluciones que propongamos a guisa de programas.

No es mucho pedir, pero mientras tanto cabe decir como un rey español una vez le dijo a Hugo Chávez: ¡Cállate Donald! no ayudas.

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