Opinión

Berta Cáceres vive

Otra vez, como un año atrás, ríos de gente inundaron las calles en el mundo para demostrar que Berta Cáceres no ha muerto y su legado sigue vivo en la voz de las comunidades indígenas que defendió hasta las últimas consecuencias, junto al cuidado del medio ambiente. 

La noche del 2 de marzo de 2016, la coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) fue ultimada a balazos por hombres armados que irrumpieron en su casa en La Esperanza.

Nacida el 4 de marzo de 1971, Cáceres se convirtió en poco tiempo en una de las voces más representativas de las luchas sociales en Honduras, como lo hicieron antes   Visitación Padilla y la ambientalista Jeannette Kawas, también asesinada en 1995.

Desde bien temprano abrazó los ideales que defendería a lo largo de su vida gracias al ejemplo de su madre, aunque ganó relieve en 1993, tras fundar el Copinh junto a su exesposo Salvador Zúñiga.

Como coordinadora de esa agrupación, no solo dotó de voz a los 400 mil miembros del pueblo lenca -la mayor etnia originaria del país- al reclamar sus derechos en repetidas ocasiones ante el Parlamento en Tegucigalpa, sino que se convirtió en una ferviente ecologista.

«Ahora los pueblos indígenas nos enfrentamos a poderes más fuertes que al de hace 500 años», solía decir, al denunciar la miseria, la exclusión social y el racismo que sufre esa comunidad aborigen.

Por eso no dejó de luchar por sus tierras ancestrales ante la amenaza de proyectos hidromineros de empresas transnacionales apoyadas por el Gobierno, al punto de frenar la construcción de una hidroeléctrica en el río Gualcarque, financiada por una dependencia del Banco Mundial.

La líder indígena no cejó en su empeño, pese a ser Honduras el país en el que probablemente más ambientalistas mueren en todo el mundo, con 111 asesinatos documentados allí de 2002 a 2014 por la organización Global Witness.   Pese al arresto de ocho implicados en su asesinato, un año después el clamor internacional no cesa, para reclamar el total esclarecimiento del crimen y la captura de sus autores intelectuales. El ejemplo de lucha de Berta Cáceres no se extingue.

Y su legado, como la corriente de los ríos, no podrá apagarse fácilmente.  

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