Desde mis días de Escuela Dominical eso de “hablar en lenguas” era cosa de locos. Se habían propagado congregaciones que se autoproclamaban pentecostales cuya mayor atracción era que quienes asistían a sus cultos “se incorporaban”, sufrían una especie de convulsión durante la que gritaban una serie de incoherencias que se supone era “hablar en lenguas”. En la Iglesia a la que mi abuela me llevaba jamás se había visto cosa semejante y ella decía que aquellos hermanos eran unos engañadores que tomaban la palabra de Dios en vano.Ahora que he tenido la necesidad de releer los evangelios, el Nuevo Testamento, no por obligación ni por tarea para la casa sino por interés personal uno comienza a pensar que el mensaje de Jesús Cristo no lo terminamos de comprender, que hemos vivido un cristianismo que se aleja de las enseñanzas del Maestro y que a pesar de ser tan sencillas como un pan se vuelven incomprensibles para nuestra petulante racionalidad.Fíjese, este artículo ha estado dando vueltas en mi cabeza por meses y como periodista al fin esperaba darle coyuntura, una fecha que justificara el escribir sobre estas cosas y quizás allí está precisamente la cuestión que el ejercicio de la fe se ha reducido a unos cuantos ritos y fechas que en ocasiones han perdido su significado original, que ya no son la real forma de ser y estar con Dios.Pero dejo de autojustificarme y a lo que vengo: Cuando en el libro de los Hechos se narra el primer pentecostés cristiano los apóstoles hablan en lengua pero a diferencia de los pentecostales que conocí en mi niñez a ellos la gente de otras naciones si les entendían. En Jerusalén habitaban gentes de diferentes pueblos que hablaban diferentes lenguas y se maravillaran de oír el mensaje de Dios en su propio idioma.Nosotros por lo regular vemos las diferencias idiomáticas como una barrera y la diversidad de las lenguas se suele usar para separar y discriminar a las personas. En occidente esa idea quizás este inspirada en Babel. De acuerdo con el Antiguo Testamento hubo una época en que todos los humanos hablábamos una sola lengua pero al pretender el pueblo edificar una torre que los llevara al cielo, el exclusivo dominio del Dios de Abraham, éste los castigó, los dispersó creando los idiomas, separándolos a través de la lengua.Entre un Dios que separa y dispersa a través de las lenguas y un Dios que te da el don de hablar en otras lenguas para que puedas comunicarte con gente que hasta entonces te resultaban diferentes, extranjeras y, en el caso de los judíos de entonces, inmundas, hay una diferencia sustancial, la diferencia que le da sentido al cristianismo.Todos sabemos que uno es la lengua que habla. Que la palabra es el vehículo a través del que se trasmite la cultura y la herramienta por la que creamos nuestra particular forma de comprender el mundo. Estamos atrapados en nuestro alfabeto histórico. El mismo Maestro nació en una cultura particular, entre los hebreos, aprendió una lengua materna, el arameo, pero su misión era salvar al mundo, convertirse en el redentor de la humanidad.Este Dios nuestro transciende las particularidades de su cultura humana y su principal enseñanza es precisamente esa: la comunión de los seres humanos o para decirlo en palabras de Pedro: “en verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas”. Unos versículos antes en el mismo libro de los Hechos Pedro admite: “vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío acercarse a un extranjero, pero a mí Dios me ha mostrado que ha ningún hombre llame común o inmundo”.En una visión Dios le ordena a Pedro matar y comer animales, incluso salvajes, y luego él se enfrenta a los otros apóstoles que pretendían que los gentiles, los no judíos que también recibían el Espíritu de Dios, se apegaran al pacto de los circuncisos. Sin negar al Maestro Pedro rompe con las tradiciones judaicas. Sobre ese ejemplo se crea el cristianismo.Por eso no deja de asombrarme escuchar en algunas de las muchas radios evangélicas que ahora hay en Maracaibo a pastores y pastoras hablando del Pentateuco y el Tabernáculo, de la Ley de Moisés y pretendiendo establecer una especie de jerarquía cultural con el pueblo de Israel que por estos días resulta por lo menos sospechosa.¿Babel en un mismo idioma? Sólo Dios sabe, él que es el Dios de lo común, de lo compartido, de lo que nos hace hermanos, humanos.