Opinión

Autosuicidio, por José Vicente Rangel

1) El autosuicidio —término que un expresidente de la República empleó una vez— de la oposición es patético. Creo que no ha habido en la historia un caso similar en el que una oposición incurra en tantos errores y equivocaciones —de manera constante—, que la oposición que se conformó en Venezuela a  partir del arribo al poder del movimiento bolivariano comandado por Hugo Chávez.

 2) ¿Cómo explicar este fenómeno que se repite permanentemente? El origen está en el odio y la frustración que se apoderó del liderazgo derrotado de manera espectacular, con las reglas de juego del sistema puntofijista, como ocurrió en diciembre de 1.999. Ese liderazgo le dio a la derrota, no la explicación pertinente, es decir, que se trataba de una manifestación normal de la alternancia institucional, consecuencia de la competencia electoral, sino de una humillación. No se esperaba semejante sorpresa y su reacción no fue democrática, sino expresión de una inmensa frustración.  Considerar lo ocurrido como producto de la siniestra confabulación de unos aventureros sediciosos contra la institucionalidad imperante. Nunca esa oposición, forjada al calor de un revés que no supo asimilar; que jamás aceptó lo ocurrido como parte de un proceso normal de reemplazo de las elites dominantes, ha estado dispuesta a convivir civilizadamente con el sector nacional que la desalojó del  poder. De ahí que su actitud no haya sido democrática a partir del 2.000. En vez de ajustar su comportamiento a la nueva realidad, siempre ha estado a la caza de oportunidades para recurrir a la violencia: desconocimiento de la legalidad, golpe de Estado, sabotaje de la industria petrolera, terrorismo, guarimbas, episodios inscritos en el propósito de derrocar a los gobiernos bolivarianos, tanto el de Chávez como el de Maduro.  

3) Incluso, en el marco de los logros de la oposición, como la victoria electoral del 6 de diciembre, su comportamiento repitió el formato subversivo al utilizar el control de la Asamblea Nacional para atrincherarse y disparar contra las restantes instituciones. Comportamiento que confirmó su vocación suicida, consecuencia directa de la desvinculación de la realidad y del odio que la inspira. En más de una oportunidad advertí sobre tal comportamiento, de las graves consecuencias que generaba, y así se lo expresé a algunos de sus dirigentes. Considero pertinente en esta ocasión repetir la advertencia porque  intuyo que el país está a punto de ser conducido al abismo. De vivir otra situación extremadamente delicada, cuyas consecuencias son impredecibles.

El laberinto colombiano     LO sucedido en Colombia con el proceso de paz, los acuerdos de La Habana y el insólito remate del plebiscito, solo lo pueden entender los colombianos. Pero tampoco es así. Por tanto, nadie lo entiende. Salvo, quizá, los que lo manejaron directamente y los que estaban detrás. He estado pendiente de todo cuanto se ha dicho en Colombia sobre el tema: declaraciones de los jefes políticos, lucubraciones de los analistas y de sesudos columnistas, y en vez de aclarar la confusión ésta se torna más espesa. Con mayor razón ese sentimiento de confusión se acentúa con los comentarios en el exterior e incluso con el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos —¿por qué no extenderlo hasta las FARC, sin cuyo concurso nada se hubiera logrado?—, y con las esperpénticas interpretaciones de aquellos que aparentan objetividad en el análisis, pero que siempre terminan descalificando a la guerrilla y alabando a Uribe.      NO pretendo pontificar a la hora de tratar tan complicado tema. No tengo la clave para acertar y tampoco me lo propongo. Aún cuando estoy consciente de que todo cuanto ocurre en Colombia nos atañe, directa o indirectamente, comenzando porque en Venezuela habitan más de cinco millones de colombianos, víctimas de la violencia política y la exclusión social. Tuvieron que pasar más de 50 años terribles para que un representante de la clase política que generó la guerra, asumiera la responsabilidad de hacer la paz. Ese ha sido el logro innegable de Santos. Pero en  los últimos cuatro años en los que se echan las bases del acuerdo, hay dos factores que determinan el curso de los acontecimientos: la disposición de las Farc a negociar, que permite el acto emblemático de Cartagena, y la actitud negadora del proceso —por no escribir saboteadora—, belicista a ultranza, de Alvaro Uribe, operador permanente de la violencia y líder de la derecha.       Elplebiscito confirmó la extrema polarización política de los colombianos, y también la social. El resultado electoral lo refrendó. El No ganó por una ínfima diferencia. Pero esa diferencia posee un singular significado, ya que refleja con claridad la posición de los que quieren la paz y los que defienden la guerra. No de manera absoluta, pero sí como indicador de que fueron las víctimas de  la violencia los que votaron Sí. ¿Qué se plantea ahora? Lo que siempre está presente en estos dramas, particularmente en Colombia: los pactos engañosos que dejan las cosas como estaban (o peores). Santos y Uribe se reúnen y manifiestan estar de acuerdo en lo fundamental, la paz, pero que hay que reformular aspectos de los acuerdos de La Habana. ¿Cuáles? Lo social, el tema de la tierra. Que es lo esencial. ¿Acaso lo que viene ahora es la “segunda oportunidad” para se produzca la frustración absoluta?                                               

Claves secretas •Venezuela tiene ahora dos Cardenales: Urosa  y Porras, lo cual es revelador de la importancia del país. ¿Qué lectura tiene la designación del Obispo de Mérida? Ante todo llama la atención que el nombramiento coincida con el momento crucial en que se define la realización o no del referendum revocatorio. ¿Se produce con qué finalidad? ¿Acaso para apuntalar la posición radical frente al gobierno de Maduro de la Conferencia Episcopal Venezolana, tomando en cuenta la conocida actitud del nuevo Cardenal; o para que éste, con el peso que tiene en la Jerarquía, trabaje para garantizar un clima mas equilibrado que facilite el diálogo?

En la diplomacia vaticana todo es posible, particularmente en tiempos de Francisco. Quien tiene la virtud de adoptar decisiones que sorprenden. •Hay que recordar que Francisco es un reconocido dialogante. Que lo asume con decisión cuando es necesario. Él está bien informado acerca de lo que sucede en Venezuela. Si tomó la decisión de respaldar la política de diálogo en el caso venezolano, y sabiendo que no es hombre que juega con cartas marcadas, seguramente que quiere actuar con transparencia. Sus allegados más próximos lo comentan. •Francisco debe estar consciente, por el caudal de información que maneja y por su propia experiencia en situaciones similares, que tiene que manejarse con todos los elementos de juicio en las manos. •El Chavismo demostró otra vez que tiene la calle. La MUD se esfumó.

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