Muchos opinan que estos fueron los mejores años de la presidencia de Nicolás Maduro, y yo estoy de acuerdo por muchas razones. En primer lugar, si nos remontamos al año 2013, confirmamos que el país producía 2.7 millones de barriles diarios de petróleo y los precios se cotizaban muy cercanos a los 100 dólares, por lo cual se supone que había oxígeno financiero para solventar inversión, ahorro, consumo y gasto nacional. Ahora, produciendo 1.1 millones de barriles y el precio entre 50-60 dólares, no son buenos fundamentos para creer que saldaremos las necesidades de la economía nacional.
Adicionalmente, podemos recordar que en el año 2013, Venezuela cerró con 56% de inflación y se estima que para el próximo año se profundice la hiperinflación y toquemos los 10.000.000%. Con ese ritmo de aceleración de los precios nadie podría pensar que lo venidero es mejor.
Por otra parte, en aquella ocasión se escuchaban rumores de corrupción y seis historias de posibles funcionarios públicos que se aprovechaban de sus posiciones para asaltar la hacienda pública y otros se dedicaban al narcotráfico. Pero sólo eran relatos lejanos y se tomaban como habladurías de tres envidiosos. Hoy en día, esto ya no es chisme ni cotilleo, al contrario, ya existen centenares de pruebas con personas sentenciadas, y lo mejor: muchos siguen hablando y están cooperando con la justicia. Vendrán nuevas revelaciones que los harán tambalear aún más.
A principio de esta década, no se experimentaba la huida desaforada del capital humano y tampoco se tenía conviviendo dos asambleas dirimiendo la legislación nacional. Además, la nación no presentaba la cantidad de demandas internacionales y el riesgo de perder buena parte de sus activos en el extranjero por causa de estos litigios.
