Ante las diversas circunstancias adversas que vive el mundo en la actualidad, es un respiro lo que se nos ofrece desde el Brasil, escenario de las Olimpíadas Rio-2016. En efecto, mientras en Pakistán un suicida deja 70 muertos en un hospital, un Michael Phelp escribió otra página dorada en la natación y emociona a millones de personas.
Siglos atrás en Grecia, Olimpia, Atenas cultivaron el deporte olímpico para su proyección en el tiempo con las ampliaciones e innovaciones correspondientes. El deporte y la cultura siempre fueron condicionantes fundamentales de la realización del hombre en la historia de la humanidad. Hoy, la universalidad de las Olimpiadas y su planetaria cobertura por los medios de comunicación nos llevan a confirmar de que los seres humanos somos únicos y múltiples. Únicos, por cuanto el protagonista es el hombre y la mujer y múltiples por la presencia de la diversidad cultural y étnica con formas de ser diferentes, modos de vida, idiomas y lenguas. Costumbres creencias y valores, pero unidos fraternalmente por el deporte en las Olimpiadas.
Desde Brasil, cuna de numerosas etnias en su Amazonía, a pesar de los conflictos políticos internos, se expresa al mundo la unidad en la diversidad, la posibilidad de entender y respetar al otro a partir de la diferencialidad socio-cultural, se manejan y practican los criterios de la interculturalidad. Es la mejor respuesta al etnocentrismo, racismo, xenofobia y otras actitudes conexas. Los brasileros, como buenos anfitriones, muestran la pluralidad étnica, mestiza y la convivencia societaria de nacionales de muchas partes de la tierra.
En estos tiempos difíciles para la humanidad, la representación mundial en las Olimpiadas y quienes asisten de muchos países a los eventos, envían su anhelo de paz y fraternidad sobre esta tierra amenazada que ha visto pasar a muchas olimpiadas y ojalá que veamos mucho más encuentros continentales de estas dimensiones para bien de las generaciones futuras. Los antiguos Griegos y nuestros ancestros Arahuacos, nos bendicen desde sus respectivos mundos civilizatorios y cosmogónicos.
