Todo gobierno tiene sus atributos que le caracterizan. La historiografía lo indicará claramente en el transcurrir de los años. Son los rasgos principales de su gestión. La conducta que construye su imagen será consecuencia de su ideología y concepción política. El concepto de Estado y del ciudadano influirá en los valores republicanos, sus objetivos socioeconómicos y la visión estratégica de la nación. Por ejemplo, la pretensión totalitaria del gobierno de Maduro condiciona y desprecia aspectos básicos del sistema democrático. La libertad, por otro lado, es subordinada a su obsesión por el poder. ¡Todo es válido dentro de esta meta! Como es fácil entender, lo fundamental para ellos es su inmovilidad en el gobierno. ¡Es un compromiso geopolítico! Hoy, Venezuela es ¡pieza, en la lucha por el dominio del mundo! Cuadrada con China y Rusia.
¿Es esta ideológica estrategia geopolítica beneficiosa para el país? No la considero ajustada a los grandes intereses de Venezuela. Solo somos exportadores de recursos naturales (materias primas) y mercado para las grandes corporaciones. Prevalecerán los intereses de las grandes potencias. ¡Decidirán por ellos, tal como le paso a Cuba, en el caso de los misiles, en la década de los sesenta! Ayer, decidieron Kennedy y Jrushchov. Hoy, podrían decidir Putin, Jinping y Trump. Para el desarrollo del país, prefiero, una postura independiente con una estrategia de fortalecimiento del aparato productivo interno, generador de empleo estable y creador de un consumo amplio y desahogado. Una variada inversión para las exportaciones. Que aproveche las ventajas competitivas y potencialidades de nuestra fortaleza geográfica y las oportunidades de un mercado mundial diverso… múltiple y libre. ¡Generador de riqueza no de pobreza!
Pero no solo estamos atados a unas políticas y estrategias de competencia extra continental, sino que el amarre nos confina a negociar nuestros productos en condiciones desfavorables (petróleo, gas, hierro, oro, diamante, bauxita, y otros). La dependencia nos ancla a la condición de subdesarrollo y nuestra evolución tardía dependerá de fuerzas y circunstancias externas. Que avanzan, en muchos casos, en contrasentido a nuestros propios procesos evolutivos. Somos un país pequeño, débil e insignificante militarmente. Poseemos además unos prodigiosos recursos técnicos y profesionales, formados con sostenidos financiamientos del Estado, y que hoy, buen número de ellos, se han ido a construir futuro en otras latitudes. En desmedro, de nuestras necesidades de desarrollo sustentable y vigoroso.
