Hace un siglo estalló la Primera Guerra Mundial, un conflicto que cambió el mapa político del planeta, especialmente de Europa. Imperios cayeron como naipes, las mujeres se fueron a las fábricas y la economía planificada ganó muchos espacios.
Juan Pablo Crespo / [email protected] Agencias
La humanidad todavía convive de cerca con las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial: La creación de la ONU, el nacimiento de lo que se conoció como la bipolaridad (ahora multipolaridad), la era nuclear, cambios territoriales o el fortalecimiento estratégico de Estados Unidos y Japón. Pero a 100 años del estallido de la Primera Guerra Mundial, muchas también fueron las repercusiones de aquella confrontación global que de alguna manera contribuyeron a determinar, para bien o para mal, el mundo de hoy.
Como en la segunda, las cifras de la primera fueron igualmente alarmantes y lamentables: 10 millones de muertos, otros seis millones que perdieron la vida por hambre o enfermedades, seis millones de discapacitados, ocho millones de refugiados, 40 mil kilómetros de trincheras (longitud igual a la circunferencia de la Tierra), y ocho millones de equinos muertos… En fin, por algo la batalla que se extendió entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918 también fue bautizada como la Gran Guerra.
Una de las consecuencias más visibles de la Primera Guerra Mundial fue precisamente el cambio que sufrió la geografía de Europa. Atrás quedaron cuatro imperios: el alemán, el otomano que le dio pasó a Turquía, el austrohúngaro que vio nacer a los estados independientes de Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia; y la Rusia de los zares se transformó en la Rusia comunista. Polonia renació con la unión de territorios resultantes de Rusia, Alemania y Austriahungría. Toda una reconfiguración del mapa. Ni hablar del acomodo administrativo que se produjo más allá del continente europeo. Así, por ejemplo, Ruanda y Burundi (África), que eran colonias alemanas, pasaron a control belga. Reino Unido recibió una “tajada” de África oriental y del suroeste, mientras Francia se quedó con la otra parte. A Japón le fueron asignados varios archipiélagos del Pacífico.
La zona del Oriente próximo no se salvó, al contrario, también fue repartida en varios departamentos bajo la influencia británica y francesa.
El “casus belli” de la Gran Guerra fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, en Sarajevo, un 28 de junio. Un mes después, tras una escalada diplomática y de alianzas comenzaron las hostilidades. Más de 30 países de tres continentes estuvieron involucrados.
La Primera Guerra Mundial le abrió también la puerta a la tecnología, algo que ya había pasado en otras confrontaciones, pero en esta fue algo notorio, entre otras cosas, por el poder destructivo. La revolución técnica presente cambió la manera cómo se enfrentaron los ejércitos en esta y otras batallas posteriores.
Los bombarderos aéreos sobre civiles, los submarinos, los carros de combate de 28 toneladas y los gases tóxicos fueron alguna de las novedades. El escritor Adam Hochscild escribió que “por encima de todo, la innovación más importante fueron las alambradas de espino, el arma definitiva y también la más sencilla, que permitió que la guerra se estancase en las trincheras”.
Las armas químicas ya existía, de hecho, se trató de limitar su uso en la conferencia de Bruselas (1874) y el convenio de La Haya (1899), pero ingleses, alemanes y franceses hicieron caso omiso. Lo que sí se presentó en esta área fueron “avances”, como el uso de obuses cargados de gases nuevos como el fósforo, más tóxico. Igualmente, tuvo su aparición el gas mostaza, que atacaba vías respiratorias, ojos y piel. Los alemanes lanzaron el agente cruz azul, que pasaba por los filtros de las máscaras.
La Gran Guerra representó, además, un cambio en la relación entre los sexos. La mujer pasó de los oficios del hogar y de acompañar a su pareja a eventos sociales a las fábricas, pues el hombre fue desviado hacia los campos de batalla.
La mujer tuvo que asumir nuevos roles y responsabilidades, que hasta entonces era casi impensable. Así que ver conducir a una mujer un camión de carga o ensamblar armas en la fábrica fue algo común en muchos países.
Pero no todo quedó allí, hasta las relaciones personales y la visión moral fueron trastocadas. Ante la nueva realidad, hogar-trabajo, la mujer comenzó a practicar la anticoncepción activa. Indagando al respecto, encontramos que el historiador alemán Gerhard Hirschfeld, de la Universidad de Stuttgart, ha dicho que a raíz de la Primera Guerra Mundial las mujeres por primera vez (Europa) comenzaron a tomar las riendas de las relaciones sexuales con sus parejas y hasta las condiciones en que se producían. Sin embargo, con el fin de los disparos, aunque muchas lucharon por mantener los espacios ocupados, muchas volvieron a sus funciones anteriores, mientras sus derechos seguían siendo limitados. Pero es indudable que movimientos como el feminismo, así como el pacifismo, salieron a la luz.
La cirugía, como en cualquier guerra, recibió un impulso, aunque aquí fue notable, una época experimental que aceleró el desarrollo de mejores técnicas. La gran cantidad de heridos, producto de las nuevas armas y la utilización de los gases tóxicos, obligó a los expertos a dar respuesta durante y después de la guerra. Solo Francia tenía más de seis millones de inválidos. Los injertos de piel y huesos hicieron su aparición, así como las prótesis y las trasfusiones de sangre.
El médico británico Hugh Owen Thomas perfeccionó las técnicas de entablillado para las fracturas. Para el inicio de la guerra, 80% de los soldados con fracturas de fémur moría. Dos años más tarde, 80% sobrevivía. Él desarrolló también el collarín cervical, la rodillera y otro tipo de fijaciones para los pies.
El sector económico por su puesto que no pasó bajo la mesa durante y después de los años de violencia. De hecho, la producción industrial y agrícola terminaron en el piso, así como las reservas de oro. La inversiones se redujeron a la mínima expresión. La crisis económica pasó a ser un común denominador.
Un trabajo periodístico de El País (España), titulado Catorce herencias que cambiaron el mundo, hace referencia a la aparición de la economía planificada. “Antes de que la Urss impusiera la economía planificada a la mitad de Europa, la inventaron los alemanes. Las primeras leyes que limitaban la libertad económica se introdujeron el 3 de agosto de 1914. El Estado fue asumiendo el control sobre los ahorros de los ciudadanos, el comercio exterior, la producción y la venta de productos alimenticios y estableció los precios máximos de distintos bienes”, explicó parte del texto publicado en enero de este año.
La Gran Guerra fue adicionalmente un gran laboratorio para la propaganda y la censura en función de los intereses de cada bando. La manipulación y hasta mentira informativa fue más practicada que nunca antes. La prensa sufrió el control de los gobiernos. Pablo Sapag Muñoz de la Peña, periodista, investigador, excorresponsal de guerra y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, ha manifestado que “la Primera Guerra Mundial marca el inicio de una etapa que se prolonga hasta hoy y en la que la lucha por la información que libran los aparatos de censura y propaganda, mientras el periodismo se sistematiza cada vez más”.
La fotografía vivió igualmente su boom. Los soldados capturaron millones de fotografías. En 1918, Kodak ya había vendido unas dos millones de cámaras de bolsillo. Hubo una revolución de la técnica de captación de las imágenes, al tiempo que la inteligencia militar las utilizó para sus intereses propios.
Aunque en realidad poco fue lo que nació desde cero a raíz de la Primera Guerra Mundial, este conflicto bélico contribuyó a que se acelerara el desarrollo de muchas técnicas o materiales. Lo que sí cambió radicalmente fue el mapa político de la Europa de entonces, que luego sufrió otra serie de transformaciones, hasta el sol de hoy, como lo vemos con el caso de Ucrania.