La ONG chilena TECHO anunció un plan para construir 200 viviendas de emergencia en Venezuela para familias que perdieron sus hogares tras los terremotos del 24 de junio.

La iniciativa se concentrará en 12 comunidades de Falcón, Yaracuy, Carabobo, Aragua, Miranda y La Guaira, donde la organización prevé comenzar a levantar las primeras casas a partir de agosto.

Casas de 18 metros cuadrados y montaje en dos días

Según el plan anunciado, las viviendas tendrán 18 metros cuadrados y se construirán con madera prensada o fibrocemento, materiales que permiten un montaje rápido de dos días por unidad.

TECHO señaló que el objetivo es ofrecer un espacio seguro y digno a las familias que quedaron sin refugio después del sismo.

Más de 50 voluntarios participan en la selección de familias

La organización desplegó en la zona a más de 50 voluntarios, quienes desde los primeros días después de los terremotos visitaron comunidades, encuestaron a familias vulnerables y definieron prioridades junto con los damnificados.

El proceso de selección incluye una encuesta para determinar el nivel de necesidad de cada grupo familiar, y la construcción se realiza con la participación activa de los beneficiarios.

TECHO mantiene operaciones permanentes en Venezuela desde hace 15 años y abrió una campaña internacional de recaudación de fondos. A la fecha, reunió más de 400.000 dólares, con la meta de superar el millón y medio para ampliar la cantidad de viviendas y multiplicar el impacto social.

El daño de los sismos dejó miles de damnificados

Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 dejaron más de 5.500 muertos, casi 18.000 personas sin hogar, más de 800 edificios colapsados y decenas de miles de personas en campamentos transitorios.

El Banco Mundial calculó en 19.600 millones de dólares el daño físico directo. La emergencia también dejó a muchas familias viviendo fuera de sus casas, que quedaron en condiciones inestables y con riesgo de colapso.

En las zonas más golpeadas, el agua potable escasea y los servicios de salud no logran cubrir la demanda, mientras continúan los problemas por polvo, residuos y precariedad sanitaria.

Los voluntarios y trabajadores humanitarios también padecieron enfermedades respiratorias y digestivas por la exposición constante al polvo y las malas condiciones.

La gestión de los escombros generó 1,2 millones de toneladas de residuos, algunos contaminados con combustibles, aceites, solventes y materiales peligrosos. Las autoridades intentaron separar el material reutilizable del contaminado y dispusieron instalaciones especializadas para los residuos más tóxicos.

Además, parte de los escombros fue arrojada al mar o a la costa en los primeros días tras la emergencia, lo que podría afectar la calidad del agua y los ecosistemas marinos.

Las lluvias estacionales aumentaron el riesgo de deslaves en laderas debilitadas por los sismos, mientras que las organizaciones ambientales insistieron en que la reconstrucción debe reducir riesgos futuros y evitar reasentamientos en zonas propensas a desastres.

El acceso al agua segura sigue siendo uno de los principales problemas en los refugios temporales, y las condiciones sanitarias deficientes favorecieron enfermedades como diarrea, infecciones respiratorias, dengue, malaria y sarampión.

La cobertura de vacunación en Venezuela ya estaba por debajo de los niveles recomendados antes del desastre, lo que aumentó la preocupación ante posibles brotes epidémicos.