Las órdenes tardías de los altos mandos militares, la falta de equipo básico y la confusión general retrasaron el despliegue de las tropas venezolanas en los primeros días tras los dos terremotos que sacudieron la costa del país el mes pasado, según ocho fuentes consultadas por Reuters.

La respuesta llegó tarde en La Guaira

Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 causaron la muerte de unas 5.000 personas, según el chavismo, aunque expertos, entre ellos el Servicio Geológico de los Estados Unidos, han pronosticado que el número final de víctimas mortales sería casi el doble.

El desastre fue especialmente devastador en el estado de La Guaira, donde están el principal aeropuerto del país, un importante puerto y cientos de edificios residenciales de gran altura que se derrumbaron total o parcialmente.

Delcy Rodríguez defendió la respuesta gubernamental ante las críticas de que el personal militar y otros funcionarios llegaron tarde y hicieron poco por ayudar a las víctimas, incluidas las personas atrapadas entre los escombros.

Aunque Rodríguez afirmó que se desplegaron 4.000 funcionarios de inmediato, residentes, testigos de Reuters y varias fuentes con conocimiento del asunto dijeron que el personal militar y la policía apenas se vieron durante las primeras horas tras el terremoto.

Soldados y rescatistas actuaron sin un plan claro

Los civiles encabezaron gran parte de la respuesta durante los dos primeros días, llevando alimentos y usando herramientas rudimentarias para sacar a vivos y muertos de entre los escombros. Después se sumaron equipos de rescate internacionales, bomberos, funcionarios de protección civil y un número limitado de soldados venezolanos.

Varios militares dijeron a Reuters que se ofrecieron como voluntarios para hacer ese trabajo, a menudo espantoso, en lugar de recibir una orden directa. Según oficiales en servicio activo y retirados, la ausencia de presencia masiva se debió a retrasos en las órdenes de despliegue, a la incertidumbre sobre quién coordinaba la crisis y a la falta de equipo adecuado.

“No actuamos por nuestra cuenta; recibimos órdenes directas”, dijo un oficial en servicio activo que habló bajo condición de anonimato. “No puedo decirle a mi unidad: ‘Vamos a ayudar a La Guaira’, si no se me ha ordenado hacerlo. No teníamos un plan como los que existen para defender la nación. No había ningún plan para lidiar con algo así”.

Un grupo de soldados de su unidad viajó a La Guaira al día siguiente de los terremotos del 24 de junio, tras recibir órdenes de reforzar el personal allí.

Otra fuente familiarizada con círculos diplomáticos dijo que reinaba la confusión: “No había un plan y la cadena de mando era débil; muchas personas simplemente no sabían qué hacer”. También señaló que los retrasos en la emisión de órdenes afectaron el despliegue de los equipos de rescate internacionales que llegaron en las primeras 48 horas, lo que hizo perder un tiempo crucial durante el cual se podrían haber salvado vidas.

Otras fuentes militares añadieron que a algunas unidades les faltaban vehículos para trasladar al personal a la zona del terremoto, mientras que otras carecían de martillos, picos y helicópteros equipados con visión nocturna. Una fuente indicó además que el viceministro a cargo de la respuesta ante desastres llegó a La Guaira alrededor de la medianoche del día del terremoto sin el equipo de comunicaciones necesario para transmitir la magnitud del desastre.