En un foro sobre seguridad ciudadana, expertos plantearon que la salida pasa por reformar cuerpos policiales, justicia y prevención, además de recuperar confianza institucional.
Recuperar la seguridad ciudadana en Venezuela, según especialistas reunidos en un foro de Analítica.com, exige mucho más que perseguir delitos: implica reorganizar los cuerpos policiales, fortalecer la justicia y reconstruir la confianza entre el ciudadano y las instituciones.
Reformar la policía y delimitar funciones
El abogado criminalista y profesor universitario Fermín Mármol García advirtió que uno de los principales problemas es la falta de delimitación de competencias entre los distintos organismos. Señaló que en el país existen policías municipales, estadales y nacionales, además de otros cuerpos con funciones de seguridad e investigación, pero con una superposición que termina afectando la eficiencia del sistema.
“Los preventivos investigan. Los que investigan deben ser preventivos y los que son de seguridad de Estado hacen prevención e investigación”, resumió Mármol García, al calificar esa realidad como un “bochinche interinstitucional”.
A su juicio, esa dispersión también golpea la credibilidad de las instituciones. “La ciudadanía siente que sus instituciones son parte del problema, no parte de la solución”, afirmó.
Como parte de las salidas, propuso realizar de manera periódica encuestas nacionales de victimización para conocer la percepción de los ciudadanos sobre los cuerpos policiales, la capacidad de denuncia, el acceso a las armas y drogas ilícitas y la respuesta institucional ante los delitos.
Profesionalizar a los cuerpos de seguridad
El abogado penalista y defensor de derechos humanos Joel García coincidió en que el sistema de seguridad necesita una reestructuración profunda. Puso el foco en la relación entre los ciudadanos y la policía, y advirtió que no puede construirse un modelo profesional con formación insuficiente y condiciones económicas precarias.
“Para tener funcionarios que no tengan la tentación de corromperse, tenemos que mejorar las condiciones laborales y dignificar las condiciones de los policías”, sostuvo.
García también subrayó la necesidad de fortalecer el sistema de justicia penal y penitenciario, así como de recuperar la independencia de los jueces. “Los jueces no le teman al poder, sino que solamente le teman a la Constitución y a la ley”, afirmó.
El crimen organizado y la prevención
La periodista de investigación Rona Risquez planteó que antes de pensar en operaciones específicas contra grupos armados, primero hay que reinstitucionalizar los cuerpos de seguridad y definir con claridad qué organismo debe asumir cada tarea.
“Lo primero que hay que hacer en general es una reforma en la policía, una reinstitucionalización de los cuerpos de seguridad”, señaló.
Risquez diferenció además entre las capacidades requeridas para combatir el delito común y las necesarias para enfrentar organizaciones armadas, guerrillas o estructuras criminales de mayor escala. A su juicio, el problema no puede reducirse a grupos como el Tren de Aragua, La Piedrita o las disidencias guerrilleras.
También insistió en que deben existir políticas de prevención para evitar que los jóvenes sean captados por organizaciones criminales. “La seguridad va más allá de eso. Tiene que haber políticas, tiene que haber mecanismos también para que los jóvenes no sean reclutados o no se incorporen a grupos criminales”, explicó.
Valores, ley y confianza institucional
Durante el foro hubo coincidencia en que una reforma de la seguridad no puede limitarse a cambiar nombres, directivas o estructuras. Debe involucrar al Ministerio Público, los tribunales, el sistema penitenciario y los mecanismos de control institucional.
Risquez añadió otra dimensión al debate al hablar de los valores que se han instalado en la sociedad venezolana durante las últimas décadas. A su juicio, conductas asociadas a la llamada “viveza criolla” y a la normalización de prácticas vinculadas con la cultura delictiva han afectado la forma en que se entiende la legalidad y la autoridad.
“Esa cultura malandra empezamos a no solamente a ver que está allí, sino a asumirla y a tolerarla y a que nos pareciera chévere”, sostuvo.
Los participantes coincidieron en que recuperar la seguridad requiere voluntad política, instituciones sometidas a la ley, funcionarios profesionales y mecanismos de control que permitan evaluar de forma permanente su desempeño. Mármol García cerró con un llamado a no resignarse: “No es una buena estrategia acostumbrarse a lo malo. Siempre tenemos que ser exigentes, siempre tenemos que comprender que podemos estar mejor y trabajar para eso”.
Y dejó otra frase que sintetizó el debate: “Nunca renunciemos a la ciudadanía”.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.