Una investigación colaborativa sobre el yaguarundí reunió 884 registros obtenidos con casi 4.000 cámaras trampa en más de 650 lugares. El trabajo, impulsado por el biólogo Bart Harmsen junto con 17 instituciones de 13 países, estimó que habría entre 35.000 y 230.000 ejemplares en su área de distribución, que se extiende desde el norte de Argentina hasta México.
El yaguarundí es uno de los felinos salvajes menos estudiados de América Latina. Su cuerpo alargado y esbelto, la cabeza pequeña, las orejas redondeadas y la cola larga hacen que algunas personas lo comparen con una nutria. Su pelaje puede ser rojizo, gris, negro parduzco o de tonos intermedios. Es pariente del puma y, a diferencia de la mayoría de los felinos, suele estar activo durante el día.

Amenazas y rescate en Guatemala
La pérdida de hábitat, el tráfico ilegal y las enfermedades transmitidas por perros domésticos figuran entre los riesgos señalados para la especie. En Guatemala, la fundación ARCAS y entidades gubernamentales recibieron 15 yaguarundíes para rehabilitación desde 2008; 10 fueron liberados en parques nacionales. Los cuidadores atienden heridas y preparan a los animales para cazar y sobrevivir por cuenta propia.

No todos los ejemplares pueden volver a la naturaleza y no ha sido posible monitorear a los liberados. Además, las autoridades guatemaltecas no llevan un registro de cuántos yaguarundíes han sido incautados en el país, según la información disponible. La veterinaria Miriam Quiñonez explicó que el objetivo legal de los centros de rescate es devolver los animales a su hábitat, en lugar de mantenerlos en cautiverio.
La investigación también identificó características de los lugares donde es más probable encontrar al felino. Harmsen describió a estos animales como poco conocidos y fascinantes. En Belice, investigadores han observado yaguarundíes en pareja, aunque todavía no saben si se trata de individuos sin parentesco o de crías adultas junto a su madre. Su actividad diurna también los expone al tráfico en carreteras, donde pueden morir atropellados.





