Los líderes europeos intentaron superar sus profundas divisiones sobre inmigración en una tensa cumbre de la Unión Europea que se extendió hasta la madrugada del viernes, antes de generar vagas promesas para fortalecer las fronteras externas y explorar nuevos centros para inmigrantes.
La reunión en Bruselas, dominada por una cena de nueve horas, subrayó cómo el repunte de la inmigración del 2015 en Europa sigue acosando al bloque a pesar de una fuerte caída en las llegadas de personas que huyen de los conflictos y las dificultades económicas en Oriente Medio y África.
El encuentro tuvo lugar en una atmósfera de crisis política, con la canciller alemana, Angela Merkel, bajo una intensa presión interna y un nuevo gobierno euroescéptico italiano que amenazaba con torpedear cualquier acuerdo que no cumpliera con sus demandas.
Una Merkel de mirada cansada, hablando con los reporteros a las 05.00 hora local (0300 GMT), trató de darle un giro positivo al resultado, diciendo que era una buena señal que los líderes habían podido acordar un texto común sobre el controvertido tema inmigratorio.
