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Una tragedia humanitaria resumida en un niño

La foto del niño sirio que terminó el miércoles pasado ahogado en una playa turca se ha convertido en el símbolo más triste de la tragedia de millones de inmigrantes y refugiados que huyen del hambre y la violencia atroz que azota a varios países del Medio Oriente y África.

Al mismo tiempo se ha convertido también en el símbolo de la indiferencia de Europa ante la que es ya considerada la crisis humanitaria en su estilo más profunda desde la Segunda Guerra Mundial. 

Aylan Kurdi, de tres años, está lejos de haber sido el primer pequeño en ser víctima de las traicioneras aguas del Mediterráneo, ahora convertido en un cementerio de inmigrantes. Como él, decenas han perdido antes la vida en el peligroso camino hacia “un mejor futuro”, pero en todos los casos la indolencia europea ha prevalecido. Sin ir muy lejos, la misma madrugada que Aylan no pudo aferrarse a los brazos de su padre, una bebé de nueve meses, dos gemelos de año y medio y dos hermanos de nueve y 11 años murieron también ahogados en la misma ruta del Mediterráneo, cuando la balsa en que se desplazaban igualmente se volteó.

Junto a Aylan se ahogó también su hermano de cinco años y su madre de 35 años. Solo sobrevivió su padre. 

Estará por verse si esta foto que tomó el periodista de Reuters del cuerpo de Aylan tendido boca abajo en la orilla de una playa, junto al guardia turco que recogió su cadáver, tendrá el impacto que, en su momento, tuvo la imagen que captó Nick Ut de la entonces niña Kim Phuc (1972), víctima de la cruenta guerra de Vietnam, y que marcó la percepción mundial sobre este conflicto bélico. O aquella histórica foto del estudiante chino parándose desafiante ante un tanque militar en la plaza china de Tiananmen (1989), o la imagen del niño sudanés  desnutrido y acechado (1993) por un buitre. 

“No son solo los refugiados los que se ahogan en el Mediterráneo, ¡es la humanidad, la humanidad!”, alertó ayer el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. El líder turco acusó a los países occidentales de tener una actitud de indiferencia frente a los refugiados y, además, les recordó que tenían parte de la responsabilidad por las muertes de migrantes en el mar.

Hace menos de una semana, el papa Francisco se había referido a la tragedia de los inmigrantes en Europa al pedir cooperación y eficiencia “para impedir estos crímenes que ofenden a la humanidad entera“.

 

Abdullah, el padre de Aylan y único sobreviviente.   

Aunque tarde, ayer los líderes de Europa comenzaron a reaccionar. Así por ejemplo, Francois Hollande (Francia) y Angela Merkel (Alemania) dijeron que propondrán una serie de medidas para hacerle frente a la crisis, mientras el presidente de la Unión Europea (UE) pidió a los Estados que se repartan 100 mil refugiados. 

La crisis en cuestión tiene rostro con los más de 338 mil refugiados que han llegado a la UE, la mayoría apenas con pocos cambios de ropa en la maleta, entre enero y julio. Eso sin contar los dos millones de refugiados sirios en Turquía y el más de 1,1 millones de seres humanos llegados al Líbano.

Ante la extrema violencia, impuesta por ejemplo por el Estado Islámico; las guerras civiles, el hambre, el desempleo y servicios públicos a veces hasta inexistentes, millones han decidido escapar. De esta manera sucedió con la familia Kurdi, que cansados de desplazarse de una ciudad o poblado a otro, en Siria, finalmente decidieron pagar para que en balsa los llevaran desde Turquía hasta Grecia.

A bordo de la embarcación estaban 13 personas. En un momento de la travesía, en plena madrugada, el agua comenzó a entrar al bote. La gente se desesperó. El primero en lanzarse al agua fue el traficante de personas. “Las olas eran demasiado grandes y el bote zozobró”, contó entre lágrimas a los periodistas Abdullah Kurdi, padre de Aylan y el único sobreviviente. 

Abdullah describió que había mucha oscuridad y todos gritaban, por lo que era imposible que sus seres queridos lo escucharan. “Yo sostenía la mano de mi mujer. Pero mis hijos se me resbalaron”. 

Poco después, su esposa Rihana igualmente se ahogó. “Murieron uno por uno”, apuntó  Abdullah, quien decidió entonces nadar hasta la orilla, guiándose con las luces al fondo. Casi inconsciente fue encontrado en la orilla y llevado hasta un hospital turco. “Mis chicos eran los niños más hermosos del mundo. Me despiertan todas las mañanas para jugar. Ahora ya no están”. 

Abdullah tiene una hermana en Canadá, donde al enterarse de la noticia fue contactada por la prensa de este país americano. El National Post aseguró que Teema Kurdi contó que Canadá rechazó en junio la solicitud de asilo que habían efectuado Abdullah junto con su esposa e hijos. Por supuesto, las declaraciones de Teema han estremecido al país que la recibió y ahora trastocado en plena campaña electoral. Otros medios escribieron que Teema tenía la intención de pedir a Abdullah con su familia, pero primero intentó avalar a otro hermano, que vive en Alemania.

Teema hizo lo posible por traer a su familia a Canadá.  

 

El Gobierno canadiense, a través de la  oficina de ciudadanía e inmigración, informó ayer que no había recibido el pedido de Abdullah. No obstante, añadió que sí recibió una solicitud de su hermano Mohammed, pero que no reunía todos los requisitos exigidos.

Teema dijo también que a Abdullah y su familia les pagaba un apartamento en Turquía, pero al no poder sacarlos decidieron irse a Grecia, por lo que ayudó con el financiamiento del viaje. “Siento culpa”. La misma culpa que ahora Europa empieza a sentir, aunque puede ser una oportunidad para rescatar algo de la legitimidad perdida.   

 

 

 

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