Sudáfrica atraviesa una nueva ola de violencia xenófoba que ha dejado asesinatos, viviendas destruidas y miles de personas desplazadas. Los ataques se dirigen contra migrantes y solicitantes de asilo, en su mayoría africanos y de piel negra.
Rechazo contra migrantes africanos
El fenómeno vuelve a poner en evidencia que la hostilidad hacia los extranjeros no siempre se expresa entre personas de distinto origen étnico o racial. En este caso, turbas de sudafricanos negros con ideas xenófobas han señalado a otros africanos como responsables de problemas sociales y económicos en el país.
La situación resulta especialmente sensible en un Estado donde la mayoría negra sufrió durante décadas la opresión del apartheid impuesto por la minoría blanca. Pese a ese pasado, los ataques actuales muestran que el rechazo al otro puede dirigirse también contra personas que comparten características físicas similares y provienen del mismo continente.
Entre las acusaciones más repetidas aparecen la supuesta pérdida de empleos para la población local, la saturación de los hospitales, el uso excesivo de ayudas públicas y el aumento de la delincuencia. Esos señalamientos se han convertido en argumentos frecuentes para justificar agresiones, hostilidad y expulsiones informales de comunidades migrantes.
