La Fuerza Espacial de Estados Unidos concedió a SpaceX acceso mejorado a datos militares de seguimiento orbital, una decisión que le daría a la empresa información más precisa para identificar objetos en órbita y calcular riesgos de colisión.
El acuerdo también vuelve a poner bajo escrutinio la seguridad de esos registros, la competencia en el mercado espacial y el futuro del programa federal Traccs, encargado de coordinar el tráfico en órbita.
Un catálogo orbital con mediciones de alta precisión
Según Breaking Defense, SpaceX y la Fuerza Espacial firmaron un contrato que permite a la empresa consultar una versión de alta precisión del catálogo de objetos en órbita del Comando Espacial de Estados Unidos. La publicación describió el acceso como el primero de carácter mejorado concedido a una compañía comercial.
El catálogo incluye Mensajes de Covarianza Vectorial, conocidos por sus siglas en inglés VCM, que reúnen datos de seguimiento obtenidos mediante sensores militares, telescopios y radares terrestres. Esas mediciones sirven para calcular trayectorias de satélites y otros objetos en órbita baja, incluso de elementos de alrededor de 10 centímetros, y ayudan a estimar cuándo dos cuerpos podrían acercarse peligrosamente.
El ejército utiliza esos instrumentos para vigilar la posición de satélites de otros países, pero los datos también sirven para seguir naves comerciales y prevenir colisiones. La detección de riesgos forma parte de las tareas que el Departamento de Defensa buscaba transferir a Traccs, según Cole Donovan, antiguo empleado de ese programa.
La cobertura de Breaking Defense describió el acceso de SpaceX como relativo a datos clasificados del Departamento de Defensa. En cambio, la información difundida por The Guardian lo presentó como información controlada no clasificada. Las distintas descripciones no permiten asumir que todo el catálogo, o cada VCM, tenga la misma clasificación.
Observadores del sector han advertido que compartir información de seguimiento puede revelar límites de las capacidades de defensa, además de facilitar la ingeniería inversa de sensores empleados para vigilar satélites militares de otros países.
Stargaze, el intercambio de datos y las dudas sobre Traccs
El acceso resulta especialmente útil para SpaceX porque la empresa desarrolla Stargaze, un sistema que utiliza cámaras y radares instalados en satélites Starlink para observar objetos espaciales. De acuerdo con la información difundida, la red puede detectar elementos de hasta aproximadamente medio metro, pero no alcanza la precisión del sistema militar.
La Fuerza Espacial explicó que colabora con varias compañías para intercambiar fuentes comerciales de datos por acceso a secciones del catálogo de alta precisión, sin clasificar y bajo control. Un portavoz indicó a Breaking Defense que el intercambio se realiza cuando beneficia al gobierno estadounidense, por lo que el acuerdo no se presentó como un acceso exclusivo de SpaceX ni como una cesión general del catálogo.
El gobierno recibiría a cambio observaciones de Stargaze, una red que obtiene datos desde la constelación de SpaceX. Donovan sostuvo que contar con más observaciones puede mejorar la capacidad de seguimiento militar, aunque el intercambio también plantea interrogantes sobre las condiciones de acceso y sobre cómo se mantendrá una competencia equilibrada entre proveedores comerciales.
Un empleado de SpaceX señaló en una conferencia del sector que los datos de radar tienen gran valor para complementar Stargaze, según citó Breaking Defense. La combinación de sensores privados con mediciones militares podría mejorar la detección de objetos pequeños, pero también crea una ventaja técnica para una empresa que ya opera una extensa red de satélites y desarrolla servicios de seguimiento propios.
Traccs fue creado durante la primera administración de Donald Trump para asumir la coordinación del tráfico espacial comercial que antes recaía en el Departamento de Defensa. El programa, sin embargo, nunca contó con financiación ni personal suficientes para consolidarse, y en 2025 el Departamento de Eficiencia Gubernamental, conocido como Doge y asociado a Musk, despidió a gran parte de su equipo, según la información publicada.
El presupuesto del programa también quedó en el centro de disputas entre la administración y el Congreso. La propuesta presupuestaria para el año fiscal 2026 buscó reducir en gran medida los USD $65 millones asignados a Traccs, pero el Congreso reincorporó los fondos; para el año fiscal 2027, la administración volvió a proponer llevar el presupuesto casi a cero y la Cámara de Representantes volvió a insertar financiación.
Una ventaja técnica en medio de la disputa por gobernanza
Donovan afirmó que el acuerdo deja a una empresa en posición de convertirse en la fuente de facto para coordinar el tráfico espacial en Estados Unidos. Comparó ese escenario con permitir que una compañía de transporte controle los semáforos y pueda cambiar las señales cuando llega el turno de sus competidores.
Varios empleados de compañías espaciales comerciales han expresado apoyo a Traccs porque consideran que un marco federal podría nivelar las condiciones para los operadores. La preocupación se relaciona con una posible dependencia de proveedor: algunos observadores temen que el gobierno quede demasiado ligado a SpaceX, dada su capacidad tecnológica y su peso en los servicios espaciales.
El acuerdo se produce mientras SpaceX amplía su presencia en lanzamientos y otros servicios espaciales, y profundiza sus vínculos con el gobierno estadounidense. Un recuento de mediados de 2026 estimó que Starlink tenía más de 10.400 satélites activos en órbita, según Orbital Radar. El reporte también plantea que la red podría llegar a tener hasta 20.000 satélites en los próximos años.
El mercado espacial comercial de Estados Unidos podría acercarse a un valor de USD $2 billones durante la próxima década, según las estimaciones recogidas en el reporte. Donovan relacionó esa expansión con el valor estratégico del acceso a datos de alta precisión y advirtió que la decisión podría fortalecer la posición de SpaceX frente a empresas que ofrecen servicios similares.
La discusión también tiene una dimensión de seguridad nacional, porque los registros militares reflejan mediciones generadas por sistemas de defensa. Si una compañía comercial puede utilizarlos junto con sus propias observaciones, el resultado puede mejorar el conocimiento sobre el tráfico orbital, pero exige reglas claras para proteger capacidades sensibles y evitar que la información otorgue ventajas difíciles de igualar.
Craig Holman, cabildero de Public Citizen, describió el acceso como otro ejemplo de oportunidades de negocio federales para un donante de Trump y sostuvo que la inversión política de Musk está produciendo beneficios. Esa es una acusación de un activista por la rendición de cuentas gubernamental, no una conclusión demostrada por el contrato; la Fuerza Espacial, por su parte, justificó el intercambio por su utilidad para el gobierno.
El reto inmediato será determinar cómo se compatibilizan el intercambio comercial de observaciones, la protección de datos militares y la función que debía asumir Traccs. Mientras el Congreso y la administración discuten la financiación del programa, la entrega de acceso a SpaceX intensifica el debate sobre quién establece las reglas del tráfico espacial y cómo se garantiza que esas reglas no favorezcan a un solo operador.





