La ofensiva rusa en Kiev se intensifica con ataques a puentes estratégicos y un llamado a diplomáticos extranjeros para que abandonen la ciudad.
Rusia mantiene la presión sobre Kiev con bombardeos contra puentes clave sobre el río Dniéper y con un llamado a los diplomáticos extranjeros para que salgan de la capital ucrania si no quieren correr peligro.
Ataques sobre la capital
Desde el jueves, cuatro puentes de la ciudad han sido alcanzados, entre ellos el de Pivdennyi, conocido como el del Sur, que fue impactado hasta cuatro veces entre el jueves y el viernes. El último golpe llegó cuando las autoridades locales ya habían decidido cerrarlo por su importancia para la capital.
Otro de los objetivos fue el puente de Pivnichnyi, o del Norte, atacado este sábado con un dron. También hubo impactos contra otros dos pasos, que quedaron cerrados de forma parcial, lo que afectó el tráfico de coches, autobuses, metro y trenes.
El Ministerio de Exteriores ruso difundió el sábado un comunicado en el que pidió a los diplomáticos asentados en Kiev que se fueran si no querían poner sus vidas en peligro.
Una ciudad bajo alerta
En el distrito de Solomianskyi, Solomianskyi, Tetiana Semyhailo, de 52 años, recordó que una alarma sonó a las 6:15 de la mañana y que tres minutos después todo explotó tras el impacto de un dron junto a su edificio. Su esposo resultó herido por cortes en las piernas cuando reventaron las ventanas.
Las autoridades locales sostienen que el ataque busca alterar el funcionamiento de la ciudad. Vitaliy Klitschko dijo que la ofensiva está “destrozando” Kiev, mientras que Sergiy Novenko, jefe de la administración de Solomianskyi, señaló que los ataques se mantienen “durante todo el día” y que el objetivo es provocar pánico entre la población.
Septiembre ha sido el mes más cruento del año en Kiev, con 168 ataques, según el analista francés Clément Molin.
Una empleada de una agencia de comunicación, Nadia Andrianova, de 48 años, relató que dejó la ciudad junto a su hija de ocho años y se instaló en Uzhgorod, a más de 800 kilómetros de distancia, tras considerar demasiado peligrosas las noches en la capital.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.