La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, pidió este sábado que las protestas contra su gobierno convocadas para el domingo en todo el país, y que los organizadores esperan masivas, se desarrollen de forma pacífica, en un momento de creciente polarización política.
«Hago un llamamiento para que no haya violencia. Creo que todas las personas tienen derecho a salir a la calle. Ahora, nadie tiene derecho a crear violencia. Nadie. De ningún lado», afirmó la mandataria a la prensa local, tras sobrevolar las zonas afectadas por las inundaciones en el estado de Sao Paulo.
Se espera que más de un millón de personas, según los organizadores, se concentren este domingo en 438 ciudades de Brasil para pedir la destitución de Rousseff, en medio del multimillonario escándalo de corrupción en Petrobras y la severa recesión económica.
La protesta más importante se espera en Sao Paulo, capital financiera del país y principal bastión de la oposición. Más temprano, la jornada comenzará con las concentraciones en Brasilia y en Rio de Janeiro.
