El Papa dice estar dispuesto a crear una comisión que analice si las mujeres pueden puede servir como diáconos en la Iglesia católica.
El diaconado tiene como función, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y consagrarlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad, según el Catecismo de la Iglesia católica, en su canon N° 1570.5.
Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), la Iglesia latina ha restablecido el diaconado «como un grado particular dentro de la jerarquía», mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre. Este diaconado permanente, que puede ser conferido a hombres casados, constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia.
En efecto, es apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras sociales y caritativas. Dentro de la Iglesia católica existen, pues, dos clases de diáconos: Diácono transitorio y Diácono permanente. A continuación una breve explicación de ambos:
