El papa Francisco afirmó que la detonación de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki hace 70 años constituye «una advertencia permanente a la humanidad» sobre la necesidad de rechazar la guerra y prohibir las armas de destrucción masiva.

Durante la tradicional bendición dominical, el pontífice recordó la detonación de las armas atómicas como «un hecho trágico que todavía despierta horror e indignación».

Agregó que los ataques a las ciudades japonesas se han convertido en un símbolo del poder destructivo de la humanidad cuando se distorsionan la ciencia y la tecnología.

Estados Unidos lanzó las dos bombas atómicas en dos fechas distintas en agosto de 1945, desencadenando una destrucción sin precedente que mató a más de 200.000 personas y dejó a los sobrevivientes con heridas físicas y secuelas sicológicas. Nunca antes ni después se lanzaron bombas atómicas contra civiles.