Vecinos y autoridades de San Pedro Garza García enfrentan un problema creciente: osos que buscan comida en zonas residenciales y ya cambian su conducta.
Monterrey.— El aumento de avistamientos de osos en zonas residenciales de Monterrey ha encendido alertas entre vecinos y autoridades, pero el foco del problema no está en una supuesta explosión de población, sino en la habituación de la especie a entornos urbanos por la expansión de la ciudad, la basura y la alimentación que reciben de las personas.
La reciente colocación de tablas con clavos por parte de vecinos de Olinalá, en San Pedro Garza García, para impedir el ingreso de estos animales a las viviendas, reavivó una discusión que acompaña desde hace años el crecimiento urbano en el estado de Nuevo León: cómo convivir con una especie que históricamente ha habitado la montaña.
La medida fue rechazada por autoridades ambientales y organizaciones defensoras de animales por el riesgo que representa para los ejemplares. Aun así, el episodio volvió a colocar sobre la mesa el cambio de comportamiento de los osos negros en sectores cada vez más urbanizados.
La basura
Para Eduardo Ríos Saldaña, director de Vida Silvestre de Parques y Vida Silvestre de Nuevo León, el debate público suele concentrarse en cuántos osos hay, cuando el problema central es otro.
“Lo más importante hoy es aprender a coexistir con la especie independientemente de que tengamos uno, dos, cinco o 100 mil ejemplares cercanos”, afirmó.
El funcionario explicó que no existe un conteo definitivo de la población de osos, porque los censos requieren análisis genéticos especializados. Por eso, dijo, los avistamientos tampoco sirven como una medida confiable para establecer su presencia.
Lo que sí monitorean las autoridades son los casos que requieren intervención directa. Según Parques y Vida Silvestre, los manejos o rescates se mantienen relativamente estables, con alrededor de 30 casos por año.
Ana Antonio Flores, bióloga, urbanista e integrante de la Coordinación de Vigilancia y Montaña del municipio de San Pedro Garza García, identificó tres causas detrás del aumento de reportes registrados desde 2024: la pérdida de hábitat derivada del crecimiento urbano, el acceso a residuos sólidos urbanos y la disponibilidad de alimento fácil.
La especialista advirtió que el problema ya tiene un componente generacional. “Actualmente ya contamos con la tercera generación de osos negros que están optando por adquirir sus calorías a partir de la basura”, afirmó.
Eso significa que algunas hembras han transmitido a sus crías una conducta aprendida: buscar alimento cerca de viviendas, contenedores y zonas habitadas.
Alimento fácil y riesgos para la especie
Ríos Saldaña definió ese proceso como habituación. “Son ejemplares que ya fueron habituados. Eso significa que, de alguna forma, la sociedad les cambió el comportamiento silvestre por un comportamiento condicionado a los alimentos”, señaló.
En condiciones naturales, explicó, un oso invierte gran parte de su tiempo en buscar frutos, semillas, insectos o carroña para sobrevivir. En contraste, una bolsa de basura o una cubeta con alimento pueden representar una recompensa energética inmediata.
El costo de esa cercanía también se refleja en la salud de los animales. De acuerdo con Parques y Vida Silvestre, durante necropsias realizadas a osos encontrados muertos se han localizado plásticos, envolturas, aluminio y otros residuos no degradables dentro de sus sistemas digestivos.
Además, la proximidad con zonas urbanas incrementa la posibilidad de enfermedades, atropellamientos y accidentes. Flores añadió que los efectos de la urbanización también se observan físicamente, con ejemplares que presentan sarna, pérdida de pelo, desnutrición y otros padecimientos asociados al contacto con ambientes urbanos.
Vecinos bajo tensión
La polémica por las tablas con clavos exhibió la tensión entre vecinos y fauna silvestre en sectores residenciales construidos junto a la montaña.
Autoridades y especialistas coinciden en que la medida fue incorrecta, pero también reconocen la preocupación de habitantes que han enfrentado ingresos de osos a sus viviendas.
Ante ello, las autoridades han impulsado recomendaciones para reducir la interacción: colocar protectores en puertas y ventanas, almacenar adecuadamente los residuos, eliminar fuentes de alimento y usar métodos disuasivos permitidos por la normativa ambiental.
Para Ríos Saldaña, retirar a los animales no resuelve el problema. “Si hacemos eso va a ser una fábrica de osos habituados”, advirtió, al sostener que las condiciones que favorecen esos comportamientos seguirían intactas.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.