Claves
- —Noruega despidió este miércoles al rey Harald V, fallecido a los 89 años el pasado 28 de agosto.
- —El nuevo monarca, Haakon VIII, encabezó los actos fúnebres acompañado por representantes de la realeza europea y jefes de Estado.
- —Miles de ciudadanos se congregaron en las calles de Oslo para seguir el cortejo y la posterior salida al balcón de la familia real.
Noruega dio este miércoles el último adiós al rey Harald V, fallecido el 28 de agosto a los 89 años, y dio la bienvenida al nuevo monarca Haakon VIII, arropado en este día no sólo por las principales monarquías, sino también por decenas de miles de personas que siguieron tanto el cortejo fúnebre como el funeral de Estado y la posterior salida al balcón de la familia real.

Procesión y asistencia ciudadana en Oslo
Los más madrugadores se apostaron ya a partir de las 6.00 de la mañana (hora local) a lo largo del recorrido de algo más de un kilómetro, protegido por unos 1.900 militares y decorado con banderas de Noruega a media asta, que tuvo el féretro desde el Palacio Real hasta la Catedral de Oslo, donde a la 1.00 de la tarde comenzó el funeral.
Según la Policía, hasta 53.000 personas se habían congregado a lo largo del recorrido en esta jornada, que comenzó soleada, para ver el paso del cortejo fúnebre, mientras que en el centro de la ciudad había unas 181.000 y en la zona periférica, 224.000.

Funeral de Estado y sepultura real
Durante el funeral en la catedral, que acogió a 850 invitados, el presidente del Parlamento, Masud Gharahkhani, y el primer ministro, Jonas Gahr Støre, pronunciaron discursos en memoria del fallecido rey, mientras que la princesa heredera de Suecia, Victoria, ahijada de Harald, leyó una oración de San Francisco de Asís.
Tras el funeral, el féretro de Harald fue trasladado al castillo de Akershus en una procesión en la que Haakon VIII estuvo arropado por el rey de Suecia, Carlos XVI Gustavo, y el de Dinamarca, Federico X. En el Mausoleo Real de esta fortaleza del siglo XIV, el difunto monarca recibió sepultura en una ceremonia privada en la que participaron autoridades noruegas y extranjeras, así como representantes de monarquías, como los reyes de España.
El silencio y la emoción marcaron durante todo el día las calles de Oslo, donde al final de la tarde miles de personas acudieron al Palacio Real para saludar al nuevo rey, cerrando una jornada histórica para la nación escandinava.
