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Marine Le Pen lleva su nacionalismo a flor de piel

“El 2017 será el año en que los pueblos de Europa continental despertarán. Asistimos al fin de un mundo y el nacimiento de otro”. Esta frase puede sonar común y en cualquier escenario político hasta pasar bajo la mesa, pero si tomamos en cuenta el contexto global y que pertenece a la populista, ultraderechista Marine Le Pen, una de las favoritas para ganar las elecciones en Francia a realizarse en menos de tres meses, entonces hace falta mirar con atención a la candidata y sus palabras. 

La aprobada salida de Gran Bretaña del la Unión Europea y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca forman parte de ese contexto. El auge del nacionalismo en pueblos y gobernantes del mundo, a veces acompañado de un lenguaje xenófono, como el del nuevo Presidente de Estados Unidos,  colocan a Le Pen en otro nivel. 

Además, hasta hace poco se avizoraba un cerrado duelo entre el favorito derechista francés Francois Fillon  y Le Pen, pero un reciente escándalo que involucra a la esposa de Fillon por un  empleo ficticio en la Cámara Baja parece haber sacado de la carrera electoral al conservador, según las encuestas del país europeo. Con este panorama, ahora los favorecidos en los sondeos para pasar a la segunda y última vuelta son Le Pen y un joven ex ministro de Economía, Emmanuel Macron,  un ex banquero de negocios que se define progresista, centrista e independiente. 

Y con Le Pen cerca del Palacio del Elíseo, por lo menos hasta la fotografía electoral de hoy, la preocupación en Europa (y más allá) crece a medida que se acerca el 23 de abril, fecha de los comicios clave. 

 

¿Frexit? Clave porque es mucho lo que está sobre el tapete. Por ejemplo, la permanencia o no de Francia en la Unión Europea (UE), que corre riesgo de desmantelamiento con un efecto dominó que comenzó con el Brexit. Le Pen promete sacar a su país del euro, como lo han prometido también en sus respectivos países el Movimiento 5 Estrellas de Italia, Geert Wilders, en Holanda, y Frauke Petry, en Alemania. Para la candidata del Frente Nacional, la UE se ha convertido en enemiga de la libertad, la seguridad y la prosperidad. Ella ha centrado su campaña en una especie de referéndum entre patriotas y globalizadores. 

 

Marine Le Pen lleva su nacionalismo a flor de piel

 

Le Pen lleva el nacionalismo a flor de piel. Dos son sus principios básicos: darle la palabra al pueblo y que exista democracia local. 

El historiador Santos Juliá se preguntaba recientemente en un análisis de su autoría si, como pasó en los años 30, “el auge de los nacionalismos arrastrará simultáneamente el fin de la democracia representativa como forma de Estado nación y del fin del libre mercado como forma de economía-mundo capitalista”.

La hija del también político de extrema derecha y xenófono Jean-Marie Le Pen ataca la inmigración masiva y ofrece en esta línea limitaciones drásticas, que incluyen la expulsión de los migrantes ilegales y restricción de derechos para los residentes, como la educación gratuita. 

Aunque su lenguaje no es tan radical como el de su padre, Le Pen levanta la bandera del cierre de las fronteras y del fin del derecho de la nacionalidad francesa por el hecho de haber nacido en Francia. “La nacionalidad se hereda o se merece”, ha dicho. 

 

Su padre En una oportunidad, la ultraderechista se desmarcó rápido de unas palabras de su progenitor en las que afirmó que las cámaras de gas nazis eran solo un detalle en la historia. 

Jean-Marie Le Pen presidió poco más de 40 años el partido Frente Nacional que él mismo fundó en 1972, hasta que le entregó el testigo a su hija (2011). Luego ella ordenaría la expulsión de su padre del FN en 2015 tras llevarlo a comité disciplinario. “Fue necesario elegir entre mi padre y mi partido, y elegí mi partido”, aseguró en su oportunidad Marine Le Pen.

 

Marine Le Pen lleva su nacionalismo a flor de piel

 

Ella y otros miembros del FN consideraban al patriarca un obstáculo para un partido que ha buscado suavizar su imagen de extrema derecha. Le Pen se ha propuesto bajarle dos a la percepción  fascista que históricamente ha caracterizado al Frente Nacional. 

Alta, rubia, de fuerte personalidad, aunque por lo general sonriente, a Le Pen hasta sus adversarios le reconocen lo bien que se defiende en la televisión. Su temple en el debate político es indiscutible. Allí se siente como pez en el agua. En 2012, ya había sido candidata a la Presidencia por el Frente Nacional francés.

Sin embargo, con sus altos y bajos en este sentido, en 2010 disparó la polémica al comparar el rezo semanal en la calle de los musulmanes en territorio francés con la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial.

“Yo digo lo que todos piensan en voz baja. No me asusta la polémica”, ha dicho acerca de su lenguaje directo. 

Pero no solo Le Pen defiende la salida de Francia de la Unión Europea, también quiere sacar a su país de la Otan, así como construir más cárceles y contratar 15 mil policías más.

También busca establecer impuestos para la contratación de trabajadores extranjeros, sumar beneficios sociales y reducir la edad para la jubilación. 

Le Pen incluye en su plan de gobierno el proteccionismo comercial e impuestos para los especuladores, en el marco de lo que ella define como patriotismo económico.

 

Fotografía y lectura  La mujer abogada de 48 años y casada con el Louis Aliot, miembro y autoridad del FN, autor de parte de los discursos de  Le Pen, tiene una voz áspera producto de, en parte,  su relación pasada con el cigarro. Es amante de la fotografía y lectora de los libros de suspenso de Stephen King.

Divorciada dos veces, Le Pen tiene tres hijos, una con el nombre de la universalmente conocida francesa Juana de Arco. Sus padres se divorciaron en 1987 y su madre luego de marcharse de casa posó semidesnuda para Playboy. 

Tras crecer en los suburbios de París se unió en 1986 al Frente Nacional con apenas 18 años. Ejerció el derecho seis años y luego se dedicó solo a trabajar como asesora legal  del FN.

En 2015, por cierto, el Frente Nacional se convirtió en la primera fuerza política de Francia al lograr un 27,83% de los votos y ganando así, en primera vuelta,  en 6 de las 13 regiones francesas. Antes de la llegada de Le Pen, el partido estaba perdido y al borde de la desaparición. 

A pocos meses de las elecciones presidenciales en Francia, los ojos del mundo miran a Francia, específicamente a Marine Le Pen, quien podría instaurar en su país la ultraderecha y empujar más en la actual reconfiguración del tablero geopolítico mundial. 

 

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