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Los incendios ya fabrican tormentas de humo y rayos

Los pirocumulonimbos emergen en incendios de gran intensidad y pueden lanzar humo a capas altas de la atmósfera, con efectos comparables a los de un volcán.

Los incendios ya fabrican tormentas de humo y rayos

Los incendios forestales de este verano han dejado imágenes extremas en Francia y España, pero también un fenómeno que preocupa cada vez más a la ciencia: las nubes de tormenta nacidas del propio calor de las llamas, conocidas como pirocumulonimbos.

Lejos de ser una simple columna de humo, se trata de tormentas generadas por incendios capaces de alterar la atmósfera, provocar rayos y empujar humo y cenizas hacia zonas muy altas del cielo.

Qué son y cómo se forman

Según referencias meteorológicas como el glosario oficial de la Sociedad Meteorológica Americana, los pirocumulonimbos son tormentas originadas por incendios. Aparecen cuando un fuego muy intenso produce corrientes ascendentes de aire extremadamente caliente.

Ese aire arrastra vapor de agua, cenizas y partículas de humo. Al llegar a capas más frías, el vapor se condensa y da lugar a una enorme nube convectiva. El proceso puede generar rayos y, con ellos, nuevos focos de incendio.

Además, estas tormentas pueden inyectar grandes cantidades de humo directamente en la alta troposfera y la baja estratosfera, un comportamiento que explica por qué su impacto va mucho más allá del perímetro del incendio.

Un efecto comparable al de un volcán

La magnitud de estos fenómenos empezó a entenderse mejor a partir de 2010, cuando la observación satelital permitió detectar su alcance real. Un estudio de 2018 apuntó que estas tormentas provocaron una inyección estratosférica de humo similar a la de un volcán.

En ese mismo contexto, se calcula que un gran pirocumulonimbo puede inyectar entre 0,1 y 0,3 teragramos de aerosoles de humo en la estratósfera, una cifra muy por encima de lo que se estimaba antes.

Uno de los casos más severos ocurrió durante el llamado “verano negro” de Australia, donde se documentaron 38 pirocumulonimbos que produjeron inyecciones estratosféricas masivas y alteraron las condiciones atmosféricas a escala global.

La ciencia acelera su estudio

Con el cambio climático como telón de fondo, agencias como la NASA y el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos han impulsado campañas para entender mejor estos gigantes atmosféricos.

Entre ellas destaca el proyecto INSPYRE, una campaña de campo plurianual que busca cuantificar cómo se inician estas tormentas y cómo retroalimentan el comportamiento extremo del fuego.

La investigación apunta a un escenario cada vez más complejo: incendios más intensos, atmósferas más propicias para estas formaciones y un fenómeno que ya no parece excepcional, sino parte del nuevo riesgo asociado a los grandes fuegos.

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