La OTAN lleva años preparando una respuesta para el caso de que Rusia cruce la frontera de uno de sus miembros orientales, pero ahora su mando militar ha detallado una idea más concreta: convertir una invasión en un problema logístico cada vez más costoso y difícil de sostener.
En el Foro de Seguridad de Varsovia, el general estadounidense Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado en Europa, presentó lo que describió como la teoría de la victoria de la Alianza: bloquear, frenar y desarticular. Según el planteamiento recogido por Reuters, el objetivo es impedir que una ofensiva consiga sus primeras conquistas y obligar al atacante a pagar un precio cada vez mayor por seguir avanzando.
Bloquear el avance y romper la logística
La primera fase prevé levantar una barrera con drones, robots terrestres, sensores y sistemas autónomos para detener a las fuerzas invasoras antes de que consoliden posiciones. La experiencia de Ucrania, donde estos sistemas baratos han vuelto muy peligrosos los corredores logísticos y las concentraciones de vehículos, es una de las referencias del diseño.
Si el avance continuara, la segunda fase apuntaría a privar a las unidades enemigas de capacidad ofensiva mediante aviación, artillería y misiles de largo alcance. Entre los escenarios citados figuran ataques contra instalaciones militares y puestos de mando en Kaliningrado, Bielorrusia y las proximidades de San Petersburgo.
La tercera fase se centraría en combustible, municiones, comunicaciones, centros de mando y cadenas de abastecimiento. Grynkewich explicó a Euronews que la idea es dejar a las formaciones atacantes sin suministros y sin capacidad de coordinación.

La apuesta por sistemas baratos y una red digital
Uno de los cambios frente a los planes tradicionales es la llamada “masa asequible”: grandes cantidades de sistemas autónomos relativamente económicos que complementen cazas, misiles y plataformas de alta tecnología. Para conectar esos medios, la Alianza desarrolla además una infraestructura digital que permita compartir información clasificada sobre objetivos y acelerar las decisiones militares.
Mientras Grynkewich exponía ese esquema, más de 20.000 militares participaban en el ejercicio Steadfast Duel, una simulación de diez días pensada para ensayar la respuesta a una invasión procedente del este. El escenario contemplaba aproximadamente un millón de efectivos aliados frente a una fuerza enemiga de dimensiones similares, aunque esas cifras correspondían al supuesto del ejercicio y no a tropas realmente desplegadas.
La estrategia, según el comandante, no busca conquistar territorio ruso ni derribar al Gobierno de Moscú. La intención es destruir la capacidad militar usada para atacar a la Alianza y detener la agresión sin empujarla a una escalada incontrolada.
La incógnita de los recursos
El plan llega en medio de inquietud europea por las operaciones de sabotaje atribuidas a Rusia, las incursiones de drones y las dudas sobre el compromiso estadounidense con la defensa del continente. A eso se suman las dificultades para reponer municiones, especialmente interceptores Patriot PAC-3 y misiles ATACMS, mientras Washington destina parte de sus arsenales a Oriente Próximo.
Grynkewich sostiene que la estrategia pretende convencer a Moscú de que atacar a la OTAN sería inútil. Su efectividad, sin embargo, dependerá de que los aliados dispongan del dinero, las armas, la preparación y la voluntad política para ejecutarla.
