Delgada, elegante, rubia, de 1,80 metros de estatura, ojos verdes, sonrisa encantadora, modelo y multimillonaria… Ivanka Trump (@IvankaTrump) de entrada encaja en el prototipo de barbie, pero la hija del ahora Presidente de Estados Unidos e
Delgada, elegante, rubia, de 1,80 metros de estatura, ojos verdes, sonrisa encantadora, modelo y multimillonaria… Ivanka Trump (@IvankaTrump) de entrada encaja en el prototipo de barbie, pero la hija del ahora Presidente de Estados Unidos está muy lejos de ser una Paris Hilton cualquiera.
La predilecta de Donald Trump, por lo menos a los ojos de la prensa y la opinión pública estadounidense, está llamada a ser una pieza clave en la administración del republicano. La revista Quartz la definió como “el arma secreta” de su padre y quien en realidad podría ejercer de “primera dama”. El New York Times ya había dicho que Ivanka “es una de las pocas personas que pueden influir en el pensamiento de Trump”, mientras Carl Icahn, un amigo de la familia del magnate y ahora inquilino de la Casa Blanca, llegó a comentar que “su padre la escucha, la respeta mucho, y no solo porque es su hija”.
Tanta influencia coloca a en un lugar privilegiado. Ella, discreta, racional, familiar y defensora de la igualdad de género, suaviza la imagen tosca de su progenitor, impulsivo y misógeno. En tan posición privilegiada está que le hace sombra a Melania, la esposa de Trump que tras haber plagiado un discurso de Michelle Obama ha practicamente desaparecido del mapa.
Ivanka participó en el equipo de transición con figuras de alto vuelo, incluyendo al primer ministro japonés. La madre de tres hijos y casada con Jared Kushner (construcción y bienes raíces) habló durante la campaña de su padre de temas relacionados con el cuidado infantil, el salario equitativo y la ausencia por maternidad. Durante aquellos intensos meses nunca abandonó a su padre, ni siquiera el embarazo le impidió viajar por todo el país. En una entrevista para la CBS, declaró que estaba deseosa por defender a las mujeres y promover tanto la educación como la preparación para ellas, “pero no desde un cargo público”.
Activa Pero para muchos entendidos y medios especializados, desde ya es una primera dama en la sombra, papel que paralelamente desempeñará con el de empresaria y gerente de los negocios de su padre y, por qué no, podría estar iniciando así su propia carrera política. El quebrado “stablishment” es una oportunidad para nuevas y frescas figuras.
“Las familias estadounidenses necesitan alivio. Las políticas que permiten que las mujeres con hijos prosperen no debe ser una novedad, sino la norma”, señaló la mujer de 35 años en la convención republicana del año pasado en Cleveland. Su intervención fue de las más esperadas, y no decepcionó, por lo menos a sus partidarios. Claro está, el lado republicano anti Trump tampoco la apoyó, pero ahora su padre está instalado en el Salón Oval y es quien dirige la orquesta, aunque no el único.
Trump ha dicho que quiere a Ivanka cerca en la Casa Blanca, en Washington. Hijos de anteriores presidentes han tenido roles sociales, aunque ninguno ha sido asesor, al menos públicamente. Una ley antimonopolio prohibe que un familiar pueda trabajar en una oficina o una agencia bajo control de la Presidencia. Sin embargo, Kellyanne Conway, asesora de Trump, indicó recientemente que podría haber una excepción en la ley que le permitiría a Ivanka trabajar en el Ala Oeste de la residencia oficial.
“Confío en ella. A veces me escucha, a veces no. Al final, toma sus decisiones”, ha descrito Trump sobre su hija.
Y de ser como dice Conway, la economista de la Universidad de Pensilvania podrá tener un papel más activo y visible. En la Casa Blanca entrará de lleno en la arena política y podrá agregar un perfil más a su polifacética carrera.
A Ivanka todos le reconocen que nadie le ha regalado lo que ha construido. Si bien es rica de cuna, se dedicó a educarse y trabajar, sin dejar de lado sus pasatiempos como viajar, cocinar y cuidar del jardín junto con sus pequeños.
«Yo trabajo 13 horas diarias» En el pasado algunos medios de EE UU la compararon con Paris Hilton, algo que hizo reaccionar a Ivanka. “Yo trabajo 13 horas diarias para obtener mi dinero. Le compré la casa a mi padre y pagué la hipoteca. Creo somos personas totalmente diferentes”. Y el tiempo le ha dado la razón.
Además de economista, ha sido vicepresidenta de la Organización Trump, que no es poca cosa porque involucra negocios relacionados con numerosos hoteles, el sector inmobiliario y hasta cursos de golf. También es modelo, escritora, dueña de sus propias empresas, madre de tres hijos y defensora del empoderamiento de las mujeres.
Una línea de ropa diseñada para las féminas trabajadoras, joyería y calzado se cuenta entre sus iniciativas. Ivanka es hija de la exmodelo checoslovaca Ivana, primera esposa de Trump. De su progenitora heredó el gusto por la moda. Fue portada de varias revistas y en el 2007 integró la lista de las 100 mujeres más sexis del mundo.
Su biblioteca tiene un libro escrito por su puño y letra y espera por otro en camino. El primero, escrito en 2009, titulado “The Trump Card”, un libro de autoayuda en el que expone consejos para las mujeres que quieren involucrarse en el mundo de los negocios. Los críticos han dicho que para ella ha sido un paseo sumergirse en los negocios por su entorno multimillonario y que, en consecuencia, así es muy fácil terminar escribiendo un libro al respecto. Ahora está cerca de publicar “Women Who Work: Rewriting the Rules for Success”.
Pura élite Ivanka nació en Nueva York y fue criada en la exigente élite de Manhattan. Estudió en la Escuela Chaplin, por donde también pasó Jackie Kennedy.
De signo escorpión, Ivanka es conocida como una persona de buen trato, cordial e impecable al vestir, aunque sencilla. “No me importa estar sexy, pero bonita, no solo físicamente, sino también internamente, a través de mis actos y mis relaciones con la gente”.
Y aunque fue levantada en la fe presbiteriana, desde el 2009 se convirtió en judía para poder casarse con el amor de su vida. “Observamos bantante la religión, más que algunos, menos que otros. Siento que es algo muy íntimo”, le dijo hace dos años a la revista Vogue.
Con el testigo ya en manos de Donald Trump, Ivanka parece inaugurar una inédita figura en la Casa Blanca. Seguramente Trump hará todo lo posible para tenerla cerca, detrás o delante de la cortina, pero cerca como asesora y como imagen fresca que contrarreste su a veces desbocada personalidad. Ivanka Trump tendrá sus iniciativas y dependerá de ella hasta dónde quiera llegar.