Una vez conocidos los resultados de los comicios legislativos del próximo 4 de marzo en Italia, quedará atrás el furor de la campaña electoral y el foco de atención volverá a ser la realidad del país.
La principal preocupación en el plano político será cómo mantener la estabilidad, para no entorpecer la tenue pero sostenida recuperación económica registrada en los últimos dos años, lo cual dependerá, en buena medida, de la decisión de los votantes.De las coaliciones, partidos y movimientos participantes en la consulta, sólo cuatro cuentan con posibilidades reales de obtener escaños en la Cámara de Diputados y el Senado de la República.
En la punta marcha la coalición de centro-derecha integrada por Fuerza Italia, la Liga, Hermanos de Italia y Nosotros con Italia, la cual contaba con alrededor del 37 por ciento de la intención de voto, según los resultados de las encuestas publicadas 15 días antes de la cita con las urnas.
El principal gestor de esa agrupación heterogénea de fuerzas, unidas por el conservadurismo político y el liberalismo económico, es el ex primer ministro Silvio Berlusconi, quien se muestra confiado en la victoria, contrario a los pronósticos de los sondeos que lo consideran una meta no imposible, aunque difícil.
Los otros contendientes son el Movimiento 5 Estrellas (M5E) con 28 por ciento, la coalición de centro-izquierda encabezada por el gobernante Partido Democrático, cuyo secretario es el ex primer ministro Matteo Renzi con 27, y Libres e Iguales, con alrededor de seis por ciento.
En esas circunstancias, varios analistas coinciden en que las aspiraciones del bloque de centro-derecha dependerán de los resultados que alcance en las regiones del sur del país, donde su principal adversario es el M5E.
El principal obstáculo para determinar un vencedor en ese contexto de relativo equilibrio de fuerzas es la ley bajo la cual se realizarán los comicios, diseñada por el PD y el centroderecha para favorecer a las coaliciones en detrimento del M5E y Libres e Iguales, quienes acuden por su cuenta a las urnas.
La nueva norma impide el voto diferenciado en un sistema mediante el cual se disputará el 64 por ciento de los escaños en ambas cámaras, por el método proporcional y el resto por el mayoritario.
De esa manera, todos los votos depositados a favor de una coalición serán endosados al candidato al cual se vincula y viceversa, sin la posibilidad de decidir por una lista plurinominal y a su vez por un aspirante diferente en el colegio donde sólo se elegirá uno.
Si como pronostican las encuestas, ninguno de los contrincantes logra obtener la mayoría de los 630 asientos de la Cámara de Diputados y 315 del Senado con la cual formar un nuevo gobierno, el presidente de la República, Sergio Mattarella, deberá decidir qué hacer, de acuerdo con lo establecido por la legislación vigente.
La primera opción será consultar a todas las fuerzas políticas para determinar si existe alguien capaz de construir la mayoría mediante alianzas, lo cual ha sido descartado por los líderes de las principales organizaciones, en tanto la segunda será llamar a nuevas elecciones.
En ese caso habrá que determinar cuál será el gobierno interino hasta los siguientes comicios y si estos se realizarán con la misma ley electoral u otra nueva.PANORAMA ECONÓMICOLos estimados aún preliminares sitúan en 1,5 por ciento el nivel crecimiento de la economía italiana en 2017, en comparación con el año precedente cuando el Producto Interno Bruto registró un aumento de 0,9 por ciento.
Aunque en opinión de analistas se trata de una recuperación cierta, con una tendencia positiva a corto y mediano plazos, su ritmo sigue siendo bajo para el próximo bienio, con incrementos previsibles de 1,5 y 1,2 para 2018 y 2019, respectivamente, según los datos más recientes de la Comisión Europea (CE).
Con esos niveles de crecimiento, Italia continuará por debajo del promedio de la Unión Europea (UE), sin el Reino Unido, el cual será este año de 2,4 por ciento, con perspectivas de 2,3 y 2,0 en 2018 y 2019, en tanto se mantendrá en el último lugar entre los países integrantes del organismo regional de integración.Más aún, con el ritmo actual de crecimiento la economía tendrá que esperar a 2021 para regresar a los niveles previos a la crisis de 2008.
Cualquiera que sea el nuevo gobierno, una de sus primeras pruebas será la evaluación definitiva por parte de la CE, del déficit fiscal previsto en el presupuesto nacional de este año y la estrategia para resolver el problema de la deuda pública, la cual se mantiene en torno al 132 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). En un análisis preliminar del plan de ingresos y gastos para 2018 presentado por el gobierno italiano, efectuado en noviembre último, el organismo regional consideró que corría el riesgo de irrespetar las reglas establecidas por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
Así lo expresaron en una carta dirigida al ministro de Economía y Finanzas, Pier Carlo Padoan, por el vicepresidente de la CE y comisario para la Estabilidad Financiera, Valdis Dombrovskis, y el encargado de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici.
Al subrayar que la deuda pública italiana sigue siendo una vulnerabilidad clave, recordaron que la proyección para este año es que se mantenga en 130,8 por ciento del PIB.
Una deuda pública tan alta -indicaron- restringe el espacio de maniobra del gobierno para una mayor inversión productiva en beneficio de sus ciudadanos y añadieron que «dado el tamaño de la economía italiana es una fuente de preocupación común para toda la zona euro».
Los comisarios señalaron también la necesidad de reducir en 0,3 por ciento el déficit fiscal de 2018, equivalente a unos cinco mil millones de euros, los cuales en opinión de especialistas deben quedar en tres mil 500, por la mejoría de 1,0 por ciento del saldo neto estructural. Además de la lenta recuperación y la deuda, Italia enfrenta la baja productividad de sus empresas, la mayoría de ellas pequeñas y medianas, factor que afecta especialmente a las aún desvinculadas del mercado internacional donde la fuerte competencia constituye un elemento dinamizador en ese sentido.
A los desafíos que se enfrentará el próximo primer ministro italiano se refirió en un reciente artículo el diario Financial Times, el cual mencionó también las escasas oportunidades de empleo para los jóvenes entre quienes, a pesar de los avances, la desocupación alcanza todavía el 32 por ciento.
La reducida capacidad del sistema bancario para otorgar nuevos créditos, por la cantidad aún elevada de préstamos improductivos, y los problemas que obstaculizan mayores niveles de inversión directa serán, según la publicación, otros aspectos a los cuales el nuevo gobierno tendrá que prestar atención.