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Hija de trabajadores de un manicomio en Brasil cuenta su infancia entre internos y secretos

Débora Soares creció dentro del mayor manicomio de Brasil y dice que vivió una infancia marcada por escenas de horror que solo entendió años después.

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Crédito: Palácio do Planalto / Wikimedia Commons

Débora Soares, de 41 años, pasó su infancia dentro del mayor manicomio de Brasil, donde su madre trabajaba como auxiliar de enfermería y su padre era portero. Su niñez transcurrió en un gran complejo hospitalario al que asistía también a la guardería y que formó parte de su vida cotidiana durante años.

Con el paso del tiempo, la mujer convivió de cerca con los internos del lugar. Cuando acompañaba a sus padres, los veía, hablaba con algunos de ellos y hasta llegaba a reconocerlos por su nombre. Esa cercanía, sin embargo, no le impidió presenciar escenas que hoy describe como parte de un entorno marcado por el horror.

“Vi algunas escenas… Pacientes desnudos, gritos, mal olor. Pero entonces no comprendía la dimensión de aquello porque me crié allí, ¿entiende?”, recordó Débora en su primera entrevista con un medio extranjero. Sus palabras retratan el contraste entre la normalidad con la que vivió de niña y la crudeza de lo que ocurría dentro de aquel centro.

La mujer también contó que algunos empleados del hospital hablaban de ella a sus espaldas, porque muchos conocían el gran secreto que ella descubriría ya entrada en la adultez. Ese hallazgo, según relató, terminó de darle sentido a una historia familiar y personal atravesada por el silencio y por años de convivencia con una realidad que, en su momento, no alcanzaba a dimensionar.

Una infancia marcada por el encierro y el silencio

El testimonio de Soares muestra cómo un espacio pensado para la atención médica también puede convertirse en el escenario de una crianza atravesada por el miedo, la exposición permanente a pacientes internados y la sensación de que había algo oculto alrededor suyo. En su caso, la vida diaria transcurrió entre pasillos, habitaciones y rutinas de un enorme centro psiquiátrico.

Ya adulta, la mujer sostiene que aquella experiencia fue, en la práctica, una larga forma de castigo. Su relato se suma a las denuncias históricas sobre abusos y tratos degradantes en instituciones de este tipo, aunque en su testimonio lo que predomina es la memoria personal de una niñez que ocurrió en medio de gritos, desorden y escenas que entonces no lograba entender.

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