¡Doblan las campanas: Arnulfo Romero es beato! y con este jubiloso grito los salvadoreños vivieron el 23 de mayo de 2015 un momento singular, pues el Obispo que para muchos fue sinónimo de esperanza finalmente fue reconocido en gracia de Dios durante su vida por la Iglesia a la que sirvió fielmente.
Romero fue asesinado mientras oficiaba una Misa en la Capilla Divina Providencia, y desde entonces pasó a ser un referente obligatorio para todos los que sienten en sus palabras el llamado a la igualdad. Polémico e incisivo en sus homilías, Óscar Romero era una verdadera piedra en el zapato de quienes detentaban poder en El Salvador.
Recordado por su intenso encuentro con el Papa Juan Pablo II, de quién él mismo se consideraba un profundo admirador pero con quién parece no compartía muchas de sus posturas, pues el pontífice polaco lo exhortó de forma abrupta a mantenerse en “comunión con sus hermanos Obispos” en un claro mensaje de unidad dentro de la milenaria institución religiosa que Wojtyla gobernaba.
“Monseñor Romero es obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, fraternidad y paz”, fueron los argumentos que el Papa Francisco expuso en su carta apostólica para proclamarlo beato.
“Todos deseamos la canonización, las señales que se están recibiendo indican que puede ser pronto, aunque la feligresía ya lo canonizó, se adelantó a la jerarquía de la iglesia”, declaró Edín Martínez, del directorio de la Fundación Romero al Diario “La Prensa” de Honduras. Aunque la iglesia salvadoreña ya presentó milagros del extinto pastor que son estudiados por la Congregación para la causa de los Santos, para Martínez el “más grande milagro” es que “tiene muchos seguidores de su mensaje a nivel mundial”.
En 1993, una Comisión de la Verdad de la ONU identificó como autor intelectual del homicidio de Romero al mayor del ejército Roberto D’Aubuisson, fundador de la entonces gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha), quien había muerto de cáncer en febrero de 1992.