Cuando los primeros habitantes del planeta poblaban el globo, su capacidad reproductiva puede que fuera la misma que en la actualidad, sin embargo eran muchos menos. Hace 12.000 años, sumando a los que nacían y restando a los que fallecían,
Cuando los primeros habitantes del planeta poblaban el globo, su capacidad reproductiva puede que fuera la misma que en la actualidad, sin embargo eran muchos menos. Hace 12.000 años, sumando a los que nacían y restando a los que fallecían, la población crecía 3.000 o 4.000 personas al año.
Hace un par de años, en 2015, ese mismo balance entre nacimientos y defunciones dio un saldo de 73,5 millones de personas más. En un solo año.
Tenemos un problema
Como se suele decir, lo primero es reconocer que tenemos un problema. Efectivamente, lo tenemos. A día de hoy, julio de 2017, somos 7.536 millones de habitantes en el planeta. Y todos tenemos unas necesidades que tomamos de nuestro planeta. Necesitamos oxígeno, agua, comida, ropa para vestirnos, casas para cobijarnos. Pero aunque la cantidad de humanos ha crecido, el planeta y sus recursos no lo han hecho. Esa es la base del problema.
¿Por qué somos tantos?
Fundamentalmente por simples matemáticas, cuantos más somos más capacidad de procrear tenemos, pero también porque la ciencia ha mejorado y eso ha hecho que disminuyan las enfermedades y crezca la esperanza de vida. Hace 200 años era raro superar los 40 años, sin embargo ahora no es difícil llegar a los 80. El doble.
Los avances en la medicina evitan en la actualidad que mueran tantos niños como morían hace 50 o 100 años. El descubrimiento de las vacunas y el estudio de los gérmenes que causan las enfermedades han conseguido erradicar plagas, como la peste bubónica o la gripe, que en el pasado dejaron millones de muertos.
Análisis de la situación
Hay un artículo en internet, que puedes leer íntegro si haces , que da su punto de vista sobre las causas de la sobrepoblación y los efectos de la sobrepoblación en el mundo en el que vivimos.
La sobrepoblación global también tiene sobrepoblaciones locales debido a las migraciones hacia los países desarrollados.
La falta de planificación familiar se da especialmente en países en vías de desarrollo y es por lo tanto allí donde se dan las mayores tasas de sobrepoblación. Esta desinformación hace que los jóvenes tengan hijos muy pronto, que a su vez vuelven a tener descendencia al cabo de muy pocos años.
Consecuencias
Los ecosistemas tienen sus propios equilibrios. En numerosas ocasiones en la historia cuando un ecosistema ha tenido un exceso insostenible, el equilibrio se ha roto y el ecosistema se ha deshecho. Hay un libro del biólogo Jared Diamond titulado «Armas, gérmenes y acero» que repasa la historia de la humanidad y documenta los casos en los que algunas zonas han terminado desérticas y despobladas debido al consumo insostenible de sus recursos.
Incluso aunque un ecosistema no se destruya por completo inmediatamente, su degradación por exceso de población hace que vivir en ellos sea peligroso y provoque enfermedades y hambrunas.
Un entorno deteriorado y sobrepoblado corre también el serio peligro de sufrir guerras en la lucha por lo mejor del territorio, que suele ser el agua potable.
Los países en vías de desarrollo carecen de suficientes escuelas, recursos y profesorado como para educar a la cantidad de niños que tienen. Las consecuencias ya sabemos cuáles son, una población desinformada que genera unas tasas de natalidad muy altas.
Soluciones
Hace falta educación, concienciación y planificación familiar en los sitios donde no las hay. Pero no sólo educación sobre cultura, ciencias o artes, sino también educación sexual. Hay que enseñar a los jóvenes sobre sexo seguro, sobre métodos anticonceptivos. Sobre las enfermedades de transmisión sexual y cómo evitarlas.
En muchas ocasiones, debido a los tabúes sociales, los padres no saben cómo hablar de estos temas con sus hijos, pero de una forma o de otra hay que hacerlo. Si los padres no son capaces, hay que acudir a educadores profesionales que lo hagan. Hay que llevar esta educación a las escuelas para que los jóvenes tengan la información correcta lo antes posible, de manera que se puedan evitar embarazos no deseados.
Para incentivar a las familias a tener solo uno o dos hijos los gobiernos pueden brindar ayudas fiscales, reduciendo o eliminando por ejemplo el pago de impuestos.
El problema somos los humanos y la solución debemos ser los humanos también.