Los científicos dicen contar con más evidencia de que el incremento en los sismos entre los límites de Colorado y Nuevo México desde 2001 se debe a los pozos que inyectan aguas residuales de la producción de gas y petróleo de vuelta al subsuelo, algo parecido a los terremotos provocados por el hombre en Oklahoma y otros estados.
Investigadores de la Universidad de Colorado publicaron la semana pasada un informe que concluye que las aguas residuales provocaron un incremento suficiente en la presión subterránea como para generar derrumbes de formaciones rocosas a lo largo de las fallas.
“Encontramos que los cambios de presión a una profundidad dada son suficientes para desencadenar terremotos”, dijo Jenny Nakai, autora principal del estudio y estudiante de doctorado en la universidad.
El informe, publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Solid Earth (Revista de Investigación Geofísica: Tierra Sólida), es el más reciente en vincular los terremotos a los pozos de inyección de aguas residuales.