El plan secesionista catalán parece avanzar más lentamente de lo esperado y los dirigentes independentistas rehuyen el choque directo con Madrid en vísperas de las nuevas elecciones legislativas de España, pero no renuncian a sus objetivos.
Tras ganar los comicios regionales de septiembre, los separatistas prometieron lanzar un acelerado proceso de independencia: en 18 meses iban a dotarse de la administración necesaria para asumir las competencias de un Estado y convocarían elecciones constituyentes para fundar la República Catalana. Pero cuatro meses después del nombramiento del nuevo presidente catalán Carles Puigdemont, un independentista desde la cuna, la ruptura con Madrid todavía se antoja lejana para alivio de los partidos españoles.
«Los independentistas que pensaban que una solución rápida y unilateral era posible se están dando cuenta de que no. Por eso están buscando un interlocutor con quien hablar», afirmó ante corresponsales de prensa extranjera el líder socialista catalán, Miquel Iceta, contrario a la secesión.
Los independentistas incluso retomaron las relaciones con el gobierno conservador español de Mariano Rajoy, que estaban prácticamente abandonadas.
