El histórico día que marca formalmente el deshielo de las relaciones diplomáticas entre dos acérrimos enemigos finalmente llegó. Cuba inauguró este lunes su embajada en Washington, mientras Estados Unidos hará lo propio en La Habana, en una fecha por definir e igualmente trascendental. ¿Pero, y ahora? ¿Qué se viene?
Sin duda, un largo camino con obstáculos falta aún por recorrer, pero del 17 de diciembre pasado para acá, cuando los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron el restablecimiento de los lazos políticos, es mucho lo que ha cambiado el panorama en apenas siete meses. Y decir mucho es, quizás, quedarse corto tomando en cuenta 54 años de duro distanciamiento ideológico, una Guerra Fría y 11 presidentes norteamericanos de por medio.
¿Acaso alguien hace unas 30 semanas se imaginaba al canciller cubano, Bruno Rodríguez, izando la bandera de su país comunista en la capital del imperio? Pues nadie. Como nadie se imaginaba al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, izando la bandera de las barras y las estrellas en la tierra del “Che” Guevara, tal como sucederá de cumplirse la planificación anunciada por la Casa Blanca.
Así, el primer capítulo que se abrió con aquel anuncio de fin de año fue coronado en Washington, desde donde salió la foto que acaparará las portadas de todos los medios del mundo. La reapertura de la sede diplomática significa, a su vez, el punto de inicio de otro capítulo que promete ser no menos histórico, aunque ahora cargado de un visible y empinado camino de espinas. Y aquí, la oposición republicana ha prometido decir presente.
Entre tanto, Cuba ya ha dejado claro que no habrá un arreglo total de las relaciones hasta que se levante el embargo económico y sean devueltos los terrenos de Guantánamo, temas nada fácil de resolver porque tienen que pasar por el Congreso de Estados Unidos, donde los demócratas están disminuidos cuantitativamente hablando. Por su parte, Washington espera que la isla migre hacia un sistema democrático y avance de manera profunda en materia de derechos humanos.
El embargo económico impuesto contra Cuba, rechazado por casi todos los países del mundo año tras año, le ha costado a la isla 1,1 billones de dólares, según la cancillería de este país y la Cámara de Comercio estadounidense. El costo para Estados Unidos está calculado en 1.200 millones de dólares por año.
“Por fin, después de una política fracasada, el Gobierno de Barack Obama ha empezado un proceso de normalización de los lazos con Cuba. Creo que él quiere terminar con el bloqueo antes del fin de su presidencia. Además, existe apoyo para tal fin”, señaló a este rotativo la profesora de ciencias políticas en la Universidad de Texas, en Dallas, Jennifer S. Holmes.
La bandera cubana cuelga en su embajada en Washington.
Holmes se refiere al 66% de los ciudadanos norteamericanos que están a favor del fin del bloqueo, y al 63% que respalda la normalización de las relaciones EE UU-Cuba, de acuerdo con un trabajo de opinión del PewReserchCenter, US Politics & Policy. “Aunque casi la mitad de los republicanos no apoyan estos cambios, Obama los quiere como parte de su legado”.
Pero pese a los obstáculos que se puedan presentar, al menos un abanico de oportunidades se abre para ambos países, sobre todo a nivel comercial. Ni hablar de la distensión de las tensiones políticas, con sus implicaciones directas en la relación de Estados Unidos con el resto de la región. De boca del propio Obama, el bloqueo ha aislado a su país de sus socios regionales e internacionales, además de restringir su influencia en el hemisferio Occidental. Se espera pues, una colaboración más fluida entre Washington y Latinoamérica.
Así por ejemplo, y en conexión con ese abanico de oportunidades comerciales, el sector cruceros ha dado señales positivas. A principios de este mes, Estados Unidos concedió la primera licencia, desde la década de los 60, para que una compañía con su bandera opere cruceros hacia la isla antillana, donde este año se espera que el número de viajeros que la visitan por esta vía se duplique en relación con el 2014. Las nuevas relaciones que comienzan a tejer los gobiernos de Estados Unidos y Cuba coincide con la Ley de Inversiones Extranjeras que el año pasado aprobó la administración de Raúl Castro, además, con la construcción de la Zona de Desarrollo del Mariel, un gigante y moderno puerto de perfil comercial que ya ha recibido a sus primeros inquilinos empresariales.
“La apertura de la embajada, más que un acto, pertenece a un proceso muy consistente, cuyo fin debería ser, sin duda, el fin del bloqueo, aunque éste debe pasar por un debate que abrirá muchas polémicas, especialmente en estos momentos en que el poder de Obama está más acotado que nunca en el Congreso. Sin embargo, es previsible que, por lo menos, entre en la mesa de debates”, analizó para PANORAMA el investigador del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana (México), Javier Urbano.
“¿Por qué debería entrar el desbloqueo en este diálogo?”, se pregunta el experto. “Por una razón instrumental: Ya se vislumbra la ampliación de las relaciones comerciales, diplomáticas, financieras, culturales y de otra índole entre Cuba y Estados Unidos, y su potenciación pasa por eliminar barreras que impedirían su enriquecimiento”. En este orden de ideas, “el bloqueo es, sin duda, una dificultad que desde mi percepción será vista como ´el gran impedimento´ para fortalecer las relaciones bilaterales si en realidad se quiere llegar a un proceso normal”.
Para el economista y profesor asociado de la Ucla, UCV y la Universidad Internacional de Andalucía (España), Isaías Cuvarrubias, la ruta que finalmente decida tomar Cuba en relación con su modelo económico será clave en su relación no solo con Estados Unidos, sino también con el resto del planeta.
Todos los medios del mundo cubren el restablecimiento de las relaciones.
Ante esta perspectiva, el académico cree que se pueden presentar dos escenarios. “Primero, un modelo económico de apertura comercial, un clima de negocios caracterizado por las facilidades para los negocios y las inversiones, las desregulaciones fiscales y laborales que haga énfasis en la captación de inversión extranjera directa (IED) que haga sinergia con la inversión pública, para seguir potenciando el desarrollo de una infraestructura (física, pero especialmente de telecomunicaciones) de alta calidad, sobre todo para el afianzamiento del sector turístico como actividad económica fundamental generadora de divisas, el sector con mayores ventajas comparativas ahora en Cuba”.
Y como segundo posible escenario, Cuvarrubias hizo referencia a “un modelo económico de apertura comercial, pero con muchas restricciones en cuanto a la posibilidad de contar con un clima de negocios de facilidades. En este caso, el tamaño de la IED, de la inversión publica y de la inversión doméstica será mucho menor y el desarrollo de ventajas comparativas en el sector turístico, que Cuba ya las tiene, hacia ventajas competitivas, será mucho más limitado. Aquí se puede predecir que la participación de la IED, sobre todo la estadounidense, que funciona instrumentando o asimilando los negocios a cadenas de valor, se logrará, pero de manera tímida, no alcanzaría el nivel de inversión potencial, que es mucho más grande. Los inversionistas tendrán expectativas positivas, pero estarán a la espera de otros progresos en la apertura y en el mejoramiento del clima de negocios, que puedan potenciar las inversiones.
Hay que tomar en cuenta que, pese a las medidas de apertura que se han venido implementando, las condiciones de negocio aún son rígidas en Cuba, que debe trabajar en la seguridad jurídica. En este sentido, se esperan también movimientos, aunque paulatinos, sin prisa, al ritmo de la isla.
Pero mientras el tiempo irá aclarando el camino, hoy en Washington comenzará a ondear la bandera cubana en su nueva embajada. Símbolo de que las cosas están cambiando. Presión para los republicanos en medio de un ambiente electoral. La política es un tablero de ajedrez.