Obama ha firmado toda clase de libros de visitas durante su presidencia pero el mensaje que dejó a los cubanos debe quedar para la historia.
«Es un gran honor rendirle homenaje a José Martí, que dio la vida por darle la independencia a su patria. Su pasión por la libertad y la autodeterminación viven en la gente de la Cuba de hoy», Obama escribió usando una tinta oscura tras haber depositado una corona y haber recorrido el monumento dedicado a la memoria de José Martí.
Martí fue un poeta, periodista y escritor influyente que se convirtió en el símbolo de Cuba en su lucha por su independencia de España en el siglo XIX.
Una banda militar tocó los himnos cubano y estadounidense frente al monumento a Martí, que Obama recorrió y en el que dejó su firma en el libro de visitantes distinguidos.
Luego caminó desde el monumento hacia el Palacio de la Revolución donde fue recibido en un salón por Castro, quien le estrechó la mano antes de enfilarse hacia el paso de revista de tropas y a saludar a sus respectivas delegaciones. Al final de la reunión se espera que ambos mandatarios ofrezcan un discurso.
«El momento es adecuado», dijo Obama a ABC News. Aunque reconoció que persisten las diferencias sobre derechos humanos y libertad, dijo que espera que se avance antes de que deje la presidencia en menos de un año.
«Sentimos que venir ahora maximizaría nuestra habilidad para impulsar más cambios, particularmente porque esto ha sido bienvenido por el pueblo cubano», añadió. En su segundo día en la isla, Obama también tiene previsto un encuentro con emprendedores cubanos, un sector emergente luego de las reformas económicas que comenzaron en 2010.
El edificio donde se realizará la reunión de mandatarios se construyó en la década de 1950 para la Corte Suprema, aunque luego de la llegada al poder de Fidel Castro fue convertido en el mítico Palacio de la Revolución.
Es la primera reunión entre ambos en la isla y la tercera en poco más de un año. Las otras dos fueron en Panamá y en la sede de las Naciones Unidas.
«Si hablan del bloqueo, si quitan el bloqueo, sí puede haber muchos cambios en Cuba», dijo a The Associated Press Roberto Hernández, un empleado de la construcción de 52 años quien, sin embargo, reconoció que Obama puede hacer poco para retirar el embargo que Estados Unidos mantiene contra la isla desde hace más de cinco décadas.
«Obama puede hacer muchas cosas, quitar varias cosas del bloqueo, como presidente de Estados Unidos, pero quitar el bloqueo no puede, porque eso no está en él», añadió.
Aunque Obama ha tomado varias medidas ejecutivas para aliviar las restricciones impuestas por el embargo el único que puede derogarlo es el Congreso estadounidense, dominado por los republicanos.
Para Obama no hay mejor lugar que La Habana para mostrar que la implicación puede hacer más que el aislamiento para conseguir cambios tangibles en la pequeña nación comunista. Pero para los cubanos la cuestión clave es si su propio gobierno está dispuesto a demostrar que la ambiciosa apertura diplomática es algo más que palabras.
«Esta es una visita positiva para los dos países y para el futuro de sus relaciones», dijo Gustavo Hernández, un cubano de 53 años. «Hay que tener una mejor comunicación y es bueno que se mantenga la paz, que a nosotros nos va a traer tranquilidad».
La visita del gobernante estadounidense es un atrevido gesto diplomático, luego de haber reconocido que la política de aislamiento a la nación caribeña no logró su objetivo de cambiar el modelo político unipartidista y el gobierno comunista.
«Ya es hora de lograr una amistad», manifestó Magdalena González, una vendedora ambulante de 45 años. «Además nosotros no le hemos hecho nada a Estados Unidos. Es un problema de ideales, de que no pensamos lo mismo, pero tenemos derecho a eso».
Pero para los cubanos, la cuestión clave es si su propio gobierno está dispuesto a demostrar que la ambiciosa apertura diplomática es algo más que palabras.
Obama inició el domingo la primera visita presidencial estadounidense a Cuba en casi 90 años cuando el Air Force One aterrizó en La Habana. Paseando por las grandes plazas de adoquines de La Habana Vieja con su esposa, Michelle, y sus hijas Sasha y Malia, Obama creó una imagen imborrable para cubanos y estadounidenses en el acercamiento que él y Castro buscaron con prudencia pero persistencia.
«Es el momento adecuado», dijo Obama en una entrevista con ABC cuando le preguntaron por qué lanzaba ahora la iniciativa con Cuba.
«Obviamente, nuestra intención siempre ha sido poner la pelota en movimiento», señaló, «sabiendo que el cambio no se produciría en una noche».
En una entrevista con David Muir, el presidente estadounidense admitió que «aún tenemos diferencias significativas en derechos humanos y libertades civiles», pero alegó que hacer el viaje en este momento «maximizará nuestra capacidad de fomentar más cambio». Obama admitió que Raúl Castro gobierna «lo que aún es un estado de un partido» que ejerce un gran control sobre su población y sofoca la disidencia.
El presidente también reveló que tiene previsto anunciar durante su visita que Google ha hecho gestiones para mejorar el acceso a internet en la isla.
Desde luego, Estados Unidos y Cuba trabajan más estrechamente ahora que en cualquier momento desde que las relaciones bilaterales se deterioraron durante la revolución cubana de 1959. Pero si bien cada vez más estadounidenses acuden a Cuba, los nuevos lazos aún no han traído el cambio que muchos cubanos esperaban tras las medidas de Obama y castro para normalizar los lazos hace 15 meses.
Desde que asumió el poder en 2008, Raúl Castro ha orquestado reformas económicas y sociales con un impacto amplio y duradero, aunque para muchos cubanos y extranjeros parecen materializarse despacio. No sólo hay cientos de miles de cubanos que ahora pueden crear empresas, sino que se han suavizado las restricciones sobre celulares e internet y los ciudadanos se sienten más libres de hablar sobre los problemas del país.
Pero Castro ha cedido poco terreno cuando se trata de cambiar el sistema monopartidista de Cuba o de suavizar los estrictos controles sobre los medios, el derecho a asamblea y la disidencia política. Su gobierno también ha reiterado las críticas a Obama por decir que quería dar poder a los cubanos.
Nada de eso ha disuadido a Obama que insiste en que la intransigencia del gobierno cubano sólo demuestra por qué los cubanos estarán mejor cuando se vean expuestos de cerca a los valores estadounidenses.
«Que Dios quiera que esto sea para bien para todos los cubanos. Me parece que Obama quiere hacer una obra buena antes de irse», dijo Odilia Collazo, una mujer de 79 años que vio en la televisión cubana la llegada del mandatario.
Obama llegó a La Habana con la esperanza de que su visita inste a Castro a ofrecer gestos de buena fe y cambio significativo, lo que socavaría a las voces críticas que acusan a Obama de postrarse ante un gobierno autoritario. Aunque Cuba ha autorizado que las cadenas hoteleras estadounidenses Starwood y Marriott operen en el país y ha levantado las cuotas por cambiar dólares estadounidenses, esos pasos palidecen ante las amplias reformas de Obama para reducir décadas de restricciones estadounidenses.
En su primer día completo en Cuba, Obama tenía previsto colocar una corona floral ante el monumento a José Martí, un héroe cubano de independencia, antes de acudir a las oficinas presidenciales de Castro. Tras una serie de reuniones, los dos líderes tenían previsto dirigirse a la prensa. Los intentos de la Casa Blanca de que Castro accediera a una rueda de prensa conjunta parecieron infructuosos, y no estaba claro si aceptarían preguntas.
Castro parece gestionar de forma estrecha e intensa lo que supone el cambio más importante en la política exterior cubana desde la Guerra Fría. Aunque los asesores de Obama han minimizado las expectativas ante el encuentro, las declaraciones de Castro junto a Obama serán escrutadas en busca de indicios de si responderá a la apertura de Obama con cambios importantes en su país.
Obama también tenía previsto un acto con emprendedores estadounidenses y cubanos dirigido a impulsar el incipiente sector privado de Cuba. Por la noche será homenajeado con una cena de estado, un honor que muestra lo lejos que han llegado Washington y La Habana pese a sus profundas diferencias ideológicas.
Su visita continuará el martes con un importante discurso que según las autoridades cubanas se emitirá por televisión. Antes de salir hacia Argentina, Obama tenía previsto reunirse con disidentes políticos y asistir a un juego entre los Rays de Tampa Bay, de la Major League Baseball estadounidense, y la apreciada selección cubana de béisbol.
En sus primeras horas en la isla, Obama creó imágenes para el recuerdo de una nueva relación entre los dos países, al caminar por las calles de La Habana mojadas por la lluvia y cenar en un restaurante de propiedad privada en un bullicioso barrio obrero. Multitudes entusiastas aparecieron al paso de su protegido convoy, en un recordatorio del profundo afecto del pueblo cubano por los estadounidenses pese a las décadas de enemistad entre sus gobiernos.
Sin embargo, en un claro recordatorio de que las aspiraciones de Obama sobre mejoras en derechos humanos en Cuba aún están por realizar, un grupo de manifestantes contrarias al gobierno fueron detenidas mientras el Air Force One viajaba hacia Cuba, una escena que se produce cada semana en la Habana.
Se esperaba que miembros del grupo Damas de Blanco, uno de los grupos opositores más destacados de la isla, acudieran al encuentro de Obama con disidentes cubanos.