Claves
- —Construir sobre terrenos duros y rocosos ayuda más que hacerlo sobre suelos arcillosos o arenosos.
- —El hormigón armado, el metal y la madera figuran entre los materiales más adecuados en zonas sísmicas.
- —Los edificios compactos y regulares resisten mejor que las plantas irregulares o con grandes voladizos.
Construir sobre suelos firmes, usar estructuras de hormigón armado y evitar diseños irregulares son algunas de las recomendaciones que, según arquitectos, ayudan a enfrentar terremotos como los registrados en Venezuela.
La española Eugenia del Río, secretaria del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), explicó que la meta no es impedir que el edificio se mueva, algo imposible, sino lograr que ese movimiento sea controlado y que la estructura absorba la energía sin colapsar.

El suelo donde se construye puede cambiarlo todo
Del Río señaló que un proyecto en zona sísmica comienza por el terreno, al que describió como parte de la base del edificio. Lo fundamental, dijo, es su capacidad portante, es decir, cuánto peso puede aguantar.
En un terremoto, las ondas sísmicas se transmiten menos en un terreno duro y rocoso que en uno arcilloso o arenoso. También advirtió que en zonas cercanas a la costa puede haber suelos más blandos y niveles freáticos altos, lo que en un momento dado puede provocar que todo se fluidifique.
En ese tipo de escenarios, las zapatas o losas de cimentación deben ir reforzadas y, si la zona es sísmica y además tiene arena o agua, no sirve una cimentación tradicional. En su lugar, indicó, debe buscarse una capa dura en el interior de la tierra mediante pilotaje para sujetar el edificio.
Hormigón armado y formas compactas para ganar ductilidad

La arquitecta afirmó que los mejores materiales para construir en zonas sísmicas son el hormigón armado, el metal o la madera. En cambio, advirtió que no conviene levantar edificios con muros de mampostería o fábrica de ladrillo, porque carecen de capacidad de deformación, se rompen y colapsan.
Según explicó, lo deseable es que las edificaciones sean resistentes y rígidas, pero también tengan cierta ductilidad para moverse y deformarse sin romperse. En ese sentido, destacó que el hormigón armado ofrece gran capacidad portante y que la estructura metálica interior aporta esa ductilidad; la madera estructural, por ser más ligera, también puede funcionar.
Del Río también alertó sobre un error frecuente en zonas sísmicas: las plantas bajas diáfanas y con estructuras elevadas, como grandes espacios para centros comerciales o aparcamientos. Ese tipo de diseño, dijo, genera una “planta blanda” donde se concentra mucho daño.
Frente a eso, sostuvo que un edificio compacto, de formas geométricas sencillas, funcionará mejor ante un terremoto. Los grandes voladizos, los cambios bruscos de altura, las plantas irregulares y las zonas con más peso que otras empeoran su comportamiento.

La revisión edificio por edificio tras el sismo
Del Río añadió que construir en una zona sísmica siempre será más caro que hacerlo en un área sin riesgo, aunque no necesariamente con una diferencia enorme. También precisó que los edificios compactos y cuadrados no tienen por qué costar más y, estructuralmente, responden mejor ante un sismo.
Sin embargo, advirtió que el costo puede dispararse cuando se trata de reforzar estructuras ya existentes, porque esas obras pueden resultar más caras que el propio edificio, o cuando un buen diseño no se ejecuta correctamente.
La arquitecta señaló además que, en esta etapa de búsqueda de personas y retirada de escombros en Venezuela, un edificio que parece en buen estado puede estar a punto de caer. También pueden producirse escapes y explosiones, por lo que será necesario revisar uno por uno los inmuebles.
En la reconstrucción, agregó, habrá que tomar en cuenta las normas sísmicas y reforzar las medidas, lo que supone dinero. Recordó, además, que muchos arquitectos españoles se han ofrecido voluntarios para ayudar a Venezuela.
