Alemania y Francia han sellado un entendimiento para relajar parte de las normas de emisiones de la Unión Europea y reforzar la producción automotriz dentro del bloque, en un movimiento que vuelve a poner en duda el rumbo trazado hacia 2035.
Según el anuncio hecho por Friedrich Merz al cierre del Consejo Europeo del viernes pasado, el acuerdo busca reordenar las reglas que pesan sobre los fabricantes y que, hasta ahora, apuntaban a una transición más rápida hacia el vehículo eléctrico. Italia, de acuerdo con el material disponible, ya había adelantado que apoyaría una salida en esa dirección.
El giro que se negocia en Bruselas
La discusión nace de una política comunitaria que, tras el Diéselgate y varios años de endurecimiento regulatorio, fijó el horizonte de vender solo vehículos sin motores de combustión a partir de 2035. Sin embargo, el texto revisado por los gobiernos implicados abre ahora una ruta distinta: mantener motores de combustión si cumplen otras condiciones y reducir la presión inmediata sobre los fabricantes.
En paralelo, el bloqueo que enfrentaban las multas por exceso de emisiones también cambió de forma. El cálculo ya no se haría sobre un solo ejercicio, sino sobre la flota vendida entre 2025 y 2027, una maniobra que aplaza el impacto de la normativa y da más margen a las marcas para ajustar su oferta. El Grupo Volkswagen enfrentaba unas multas de 1.500 millones de euros bajo ese esquema, según el dato citado en el material.




