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Alemania y Francia empujan un giro en las normas del motor

Berlín y París buscan suavizar las metas europeas de emisiones y dar más peso al coche fabricado en la Unión Europea. La discusión sobre 2035 vuelve a abrirse.

Alemania y Francia empujan un giro en las normas del motor

Alemania y Francia han sellado un entendimiento para relajar parte de las normas de emisiones de la Unión Europea y reforzar la producción automotriz dentro del bloque, en un movimiento que vuelve a poner en duda el rumbo trazado hacia 2035.

Según el anuncio hecho por Friedrich Merz al cierre del Consejo Europeo del viernes pasado, el acuerdo busca reordenar las reglas que pesan sobre los fabricantes y que, hasta ahora, apuntaban a una transición más rápida hacia el vehículo eléctrico. Italia, de acuerdo con el material disponible, ya había adelantado que apoyaría una salida en esa dirección.

El giro que se negocia en Bruselas

La discusión nace de una política comunitaria que, tras el Diéselgate y varios años de endurecimiento regulatorio, fijó el horizonte de vender solo vehículos sin motores de combustión a partir de 2035. Sin embargo, el texto revisado por los gobiernos implicados abre ahora una ruta distinta: mantener motores de combustión si cumplen otras condiciones y reducir la presión inmediata sobre los fabricantes.

En paralelo, el bloqueo que enfrentaban las multas por exceso de emisiones también cambió de forma. El cálculo ya no se haría sobre un solo ejercicio, sino sobre la flota vendida entre 2025 y 2027, una maniobra que aplaza el impacto de la normativa y da más margen a las marcas para ajustar su oferta. El Grupo Volkswagen enfrentaba unas multas de 1.500 millones de euros bajo ese esquema, según el dato citado en el material.

Más peso para el coche hecho en Europa

El otro eje del pacto es el llamado made in Europe. La propuesta planteada por Alemania y Francia fija que un automóvil deba tener un 70% de sus componentes fabricados dentro de la Unión Europea, sin contar la batería, y que al menos el 10% de esa batería provenga de fuentes europeas.

Ese sello serviría para definir qué vehículos pueden recibir ayudas a la compra o entrar en una eventual categoría eCar, pensada para abaratar los modelos urbanos. El anuncio, difundido tras la reunión europea, no cierra todavía el proceso: el desbloqueo definitivo sigue pendiente del Consejo de la Unión Europea y de la Eurocámara, como recordó Merz en declaraciones citadas por Euronews.

En la práctica, el cambio favorecería a los fabricantes europeos en un momento de presión industrial, caída de ventas en mercados clave y dudas sobre la velocidad real de la electrificación. Lo que hoy está sobre la mesa no es solo una revisión técnica de las metas climáticas, sino una disputa por el tipo de industria automotriz que la Unión Europea quiere proteger y sostener en los próximos años.

Contenido redactado con asistencia de un LLM.

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