El 28 de octubre de 2011, el entonces ministro de Economía, Amado Boudou, anunció una restricción para comprar dólares que quedó asociada al nacimiento del cepo cambiario moderno en Argentina. La medida llegó días después de la reelección de Cristina Fernández de Kirchner, en un contexto de fuerte demanda de divisas y preocupación oficial por la falta de reservas.
Boudou intentó presentar el control como un trámite administrativo. Sostuvo que “no ha cambiado nada de nada respecto a la posibilidad de comprar dólares” y que “todo aquel que pueda demostrar sus ingresos puede adquirirlos”. Pero los requisitos se endurecieron luego, con resoluciones que, según un artículo de ANSA citado por la Universidad Torcuato Di Tella, resultaron “confusas” y añadieron trámites para desalentar compras.
Ese esquema se levantó en diciembre de 2015, tras la asunción de Mauricio Macri, y volvió el 1 de septiembre de 2019, después de la derrota de ese gobierno en las primarias. Luego, el Banco Central redujo el límite a 200 dólares mensuales por débito y 100 dólares en efectivo. El 14 de abril de 2025, el gobierno de Javier Milei quitó las principales restricciones para las personas físicas, aunque quedaron trabas para las empresas.
El efecto económico que señalan los analistas
Pablo Repetto, gerente general de Aurum Valores, atribuye al cepo parte del estancamiento de la economía argentina. Planteó que, si se observa la serie del Estimador Mensual de Actividad Económica desde la imposición de los controles, la actividad quedó “encajonada” en un rango del que no pudo salir, incluso con la apertura parcial reciente.





