Malasia estudia autorizar exportaciones limitadas de tierras raras sin procesar mientras mantiene la prohibición general vigente desde octubre de 2025, en una jugada para ganar influencia en una cadena de suministro dominada por China.

Una reserva estratégica frente al dominio chino

El país del sudeste asiático cuenta con aproximadamente 16,1 millones de toneladas métricas de depósitos de tierras raras, una base que lo ubica como el tercer mayor poseedor de estos recursos en el mundo.

En 2025, además, Malasia se convirtió en el primer productor no chino de óxido de disprosio, un elemento pesado clave para imanes permanentes usados en vehículos eléctricos y turbinas eólicas.

China controla más del 85% del procesamiento global de tierras raras, un dominio que le da una ventaja estratégica. Ante ese panorama, Malasia busca abrir excepciones a su restricción de exportación para añadir valor local y mejorar su poder de negociación.

La prohibición sobre minerales en bruto fue diseñada para obligar a las empresas a procesar dentro del territorio malayo. Ahora, las conversaciones apuntan a envíos selectivos hacia socios estratégicos.

Con capacidad potencial para suministrar hasta el 20% del mercado de tierras raras pesadas no chinas, el país se perfila como una alternativa para reducir la dependencia de China.

Acuerdos con Estados Unidos y Europa sostienen la estrategia

En 2025, Malasia firmó un memorándum de entendimiento sobre minerales críticos con Estados Unidos, con el objetivo de estrechar la cooperación en materiales esenciales para tecnologías limpias y defensa.

En julio de 2026, también cerró nuevas asociaciones con la empresa francesa Carester y entidades belgas, centradas en transferencia de tecnología de procesamiento y construcción de plantas de separación de tierras raras.

Las empresas estadounidenses aseguraron acuerdos de compra con operaciones malayas, incluidos precios mínimos de USD 110 por kilogramo para ciertos óxidos de tierras raras.

Lynas, la empresa minera australiana que opera instalaciones de procesamiento en Malasia, figura como la principal beneficiaria de estos acuerdos. Sin embargo, su presencia ha enfrentado oposición local por preocupaciones ambientales vinculadas con los residuos del procesamiento.

Para los inversores, el verdadero reto será que los memorandos y acuerdos se traduzcan en proyectos concretos y operativos, con construcción real, volúmenes definidos y cumplimiento de los compromisos asumidos.