La jueza repasó su ingreso al Poder Judicial a los 18 años y sostuvo que el ascenso depende de trabajo, vocación y formación, no de apoyos políticos.
Paula Castro, jueza de la Sala F de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y consejera de la Magistratura desde hace menos de un mes, repasó su recorrido en el Poder Judicial y afirmó que para llegar a la magistratura no hace falta un padrinazgo político.
De las novelas policiales a Tribunales
Castro contó que no provenía de una familia vinculada con el Derecho. Su padre trabajó en un laboratorio y luego tuvo una inmobiliaria, mientras que su madre es profesora de inglés para niños. Desde adolescente, dijo, leían novelas policiales y seguía con atención las películas de juicios.
Entre esas referencias mencionó Philadelphia, el drama judicial con Tom Hanks y Denzel Washington, como la obra que terminó de orientarla hacia el Derecho y la Justicia. Esa decisión la llevó a estudiar la carrera y, apenas salió del colegio, a entrar al Poder Judicial.
Relató que comenzó a los 18 años como meritoria, sin sueldo, en una época en la que ese era el punto de partida habitual para quienes aspiraban a una carrera judicial. También recordó que, al llegar al juzgado civil, encontró un escenario muy distinto del cine: expedientes cosidos a mano, mesas de entradas con gente pidiendo carpetas y una dinámica mucho más cotidiana.
Según explicó, antes de entrar ya había conocido un juzgado gracias a un amigo cercano de su padre, Miguel, que la acompañó en ese primer contacto con Tribunales mientras ella empezaba a estudiar la carrera. Después de dos años llegó su nombramiento, que definió como el momento que más deseaba entonces.
Veinte años de carrera y una visión crítica del sistema
Castro dijo que tardó 20 años en llegar al cargo de jueza y que en ese trayecto pasó por todos los escalafones de la carrera judicial. Para ella, ese recorrido permite conocer las necesidades de cada etapa y asumir después responsabilidades de gestión y liderazgo.
Al responder sobre la polémica en torno al modo de designación de los jueces, fue tajante: “No necesitás un padrinazgo político”. A su juicio, lo que hace falta es trabajo, compromiso, capacidad de trabajo y vocación de servicio. También vinculó la desconfianza social con la falta de comunicación del Poder Judicial y con la percepción de que la Justicia solo aparece en causas mediáticas o de gran impacto.
En ese punto sostuvo que la mayor parte de los jueces y juezas lidian con conflictos del ciudadano común: accidentes de tránsito, despidos, sucesiones, divorcios y problemas familiares. Dijo además que el vínculo cara a cara con la gente permite que el ciudadano vea a la magistratura como alguien que se hace cargo de su problema, aunque luego no comparta la decisión.
Sobre las habilidades necesarias para aspirar a ser juez, habló de una formación jurídica constante y de capacidades blandas para liderar equipos, resolver conflictos internos y manejar personal. Señaló que en la Escuela Judicial del Consejo de la Magistratura, a través del Profamac, se trabajan esas competencias complementarias a lo técnico.
Castro también enfocó parte de su análisis en la presencia de las mujeres en la Justicia. Citó el último mapa de género de la Oficina de la Mujer y dijo que casi el 60 % de la integración de los poderes judiciales a nivel nacional, federal y provincial es femenina, con un 58 % en todos los estamentos, pero que ese porcentaje cae al 30 % en los niveles más altos, como cortes y defensorías y fiscalías generales.
Para ella, esa brecha responde al techo de cristal y a sesgos todavía presentes sobre lo que una mujer puede o no puede hacer dentro del sistema judicial. Añadió que en 2022 se elaboró en el Consejo de la Magistratura un protocolo para asegurar la inclusión de mujeres, especialmente en el caso de las consejeras juezas.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.